Saludos.
Vuelta a la normalidad, fin de las cortas vacaciones y efkaristo -gracias- a los moradores del Olimpo por unos cuantos días plenos de Historia, con la emoción de plantarte frente a lugares que te abrumaban de recuerdos de lecturas, de nombres, de arte, de ciencias, de literaturas, de filosofías, de ciudades, de gestas, de batallas...
Efkaristo a los naturales por su amabilidad y sus esfuerzos contínuos por comunicarse con gente tan torpe como nosotros y con el gratísimo descubrimiento de que TODO el mundo habla el idioma internacional del imperio, cuestión que dice poco y nada bueno de nuestro propio país, a pesar de que en otros aspectos aún les quede camino para alcanzarnos...
Tal como me adelantara mi hermano Alvaro, somos tremendamente parecidos. Y lo somos en muchísimos aspectos. Quizás si lograras evadirte de los letreros, carteles y conversaciones en su lengua, jamás podrías distinguir en qué país te encuentras.
Son muchísimas las sensaciones que te traes y la mayoría, la inmensa mayoría, buenas. Excelentes. Porque si haces como nosotros y dejas en casa los prejuicios y te vas a los sitios con la mente abierta, dispuestos a dejarte encantar, a recibir y percibir sensaciones, olores, colores y sabores, descubres que cada instante, cada momento puede ser mágico, único y diferente.
Es probable que lo que más me ha enseñado en la vida es a considerar el mundo como un gran pueblo, con ligeras diferencias, pero todo lleno de gente amable y de lugares cautivantes, capaces de liberarte de las tonterías localistas que todos arrastramos.
Pero como casi siempre, el recuerdo más vívido, el más impactante, nada tiene que ver con los monumentos, con la historia ni con los nombres, aunque debería tener uno. Y sí tiene muchísimo que ver, por el contrario, con mi capacidad de fabular, la que me acompaña desde que la memoria decidió inundar mi cerebro.
Como tipo fundamentalmente curioso, todo me llama la atención y como regla general antigua y consolidada, intento "meter la nariz" en cuanto suceso me parezca llamativo y por la causa que sea. Así, visitar una Iglesia Ortodoxa Griega -a pesar de mi ausencia de creencias religiosas y como me ocurre con las católicas-, lo considero un ejercicio admirativo de arte, del abundante arte sacro que se puede descubrir por todo el mundo. Arte, al fin y al cabo.
Paseando por El Pireo y ejercitando la capacidad de recuerdos de un lugar con tanta historia, observamos que estaban decorando la entrada a una Iglesia Ortodoxa de una manera distinta. Las ceremonias de otras creencias, por comparación, me resultan muy atractivas y me sorprenden, agradablemente, por lo mismo que me sorprenden la propias: la capacidad de creer que observo en los demás.
En éste caso se trataba de una boda y con muchísimos detalles que pudimos ver y con sutiles diferencias.
Vimos que los invitados acudían a la Iglesia con los regalos en la mano: bolsa de plástico con paquetes envueltos en papel de regalo, unos más grandes, otros pequeños, de "marca", sin "marca"... Pero los llevaban al templo y al efecto, había una furgoneta preparada para recaudar el aporte.
Como el suceso parecía inminente, nos demoramos los minutos suficientes hasta la llegada de la novia. El novio, un tipo joven y gordito, con un ramo de flores en la mano, calzado de smoking, charlaba con todo el mundo -algo nervioso lo vimos-. La novia se demoraba. Mientras, los detalles de los padrinos, las madres, los padres, los hermanos, éste es el padre de él, aquella la madre de... ¿ella?
Mientras, observábamos. Parecía no llamarles la atención que dos "guiris", vestidos de aquella manera, anduvieran, cámara en ristre, curioseando entre el personal con ropas elegantes -a saber, vestidos largos ellas y trajes ellos, como por aquí-. Y si les molestamos, nadie dijo nada, ni una sola mala mirada.
Había un señor muy mayor, mucho, pelo blanco, chaqueta gris clara, delgado, bajito y muy serio, aunque sonreía de vez en cuando, que portaba una cámara analógica, flash grande, profesional, merodeando por el lugar. Todo indicaba que era un fotógrado pero que nada tenía que ver con la ceremonia que se estaba desarrollando. Se acercaba a los invitados, todos dispersos en las cercanías, y les preguntaba algo. Por lo general, las respuestas nos debían ser la esperadas porque los dejaba y se iba a buscar otro grupo.
Por fin, una señora que venía acompañada de un niño, permite que el abuelo le tome una fotografía a pequeño. El amigo saca unas gafas, ajusta los controles de la cámara, se las quita, prepara un poco el montaje sobre los escalones y dispara. Entrega una -pensamos- tarjeta a la señora, para la posterior recogida, y se vuelve en busca de nuevos clientes.
Luego seguiré con él.
Debió pasar media hora y cuando ya pensábamos en desistir, escuchamos un claxon sonando sin parar y dedujimos, acertadamente, que llegaba la protagonista. En efecto, era ella. Pero para nuestra sorpresa, le dieron tres vueltas a la manzana sin dejar de "pitar". Debe ser costumbre.
Y llegaron a la puerta principal, escalinata, decorada con lasgar cintas que llegaban hasta la entrada, velones, flores... muy colorido y llamativo. Ella vestía de blanco y se tomaron el tiempo necesario para las fotos y vídeos. Nada diferente.
El anciano de la cámara seguía por allí, discretamente apartado.
En un momento, nuestro amigo se nos acerca y nos dice algo. Maldigo mi infinita torpeza con los idiomas y como no entendemos lo que nos dice, nos encogemos de hombros y abrimos las manos en la señal internacional de "no entiendo". Sonríe, hace un saludo con la mano y se marcha.
Después de las fotos de rigor, el ascenso ceremonioso, cientos de flashes, vídeos...
Y nuestro interés termina ahí porque no queremos seguir entrometiéndonos ni entrar al templo.
Pero nuestro amigo, el señor bajito y delgado, sigue por allí, cámara analógica en mano, andando despacito y acercándose a todo bicho viviente.
En todo aquel tiempo, solo le vimos tomar una instantánea. Solo una.
Y mi mente, la que está conectada con mis ojos y lo graba todo, observa al señor y piensa. Y piensa en aquel hombre, anciano, que debería estar disfrutando de sus nietos, quizás biznietos, que sigue allí, con su antiquísima cámara, intentando ganarse la vida.
Y mi mente, la está conectada con las gentes, con las personas, con los trabajadores, no puede evitar pensar en que el amigo, el abuelo, le queda poco más que hacer. Allí vimos cámara digitales de todo tipo y tamaño, de todo precio y calidad. Cámaras profesionales de muchísimos euros que han terminado con el rollo de película, con la Kodak, con el revelado de gran formato.
Pero nuestro abuelo, porque no deberá ser de otra forma, debe seguir allí, horas y horas, andando despacito y tratando de ganarse la vida con una actividad que ya ha muerto porque hoy todo el mundo lleva su propia cámara. Hoy, de inmediato, tu cámara te dice si ha salido bien o mal y puedes repetir; puedes imprimir una copia en casa y puedes tirar cientos de fotos aunque luego debas descartar el ochenta por ciento.
No para nuestro hombre. No para... le llamaremos Spiros. Pues Spiros sigue intentado vivir como, probablemente, lleve haciendo años.
Y yo ví su mirada cuando sus ojos se clavaron en mí. Y aunque no entendí lo que me decía, en el fondo tierno de aquellos ojos claros adiviné aceptación, rendición y destino.
Y sentí una pena enorme.
Y es la sensación más vívida que me traigo porque Spiros no debería estar ahí, con sus muchísimos años, intentando ganarse la vida con un oficio que ha muerto. Porque quiero pensar que lleva años para dos vidas disparando sus cámaras y sacando guapa a la gente y ya debe haberse ganado el descanso.
Puede que mi fantasía sea tan descomunal que invente vidas que no son; puede que la realidad sea mucho más sencilla y placentera. Y puede que aquella mirada de Spiros me haya contado toda una vida.
Cuidaros.
sábado, 2 de mayo de 2009
jueves, 23 de abril de 2009
UN DESCANSITO
Saludos.
Me tomo unas cortas vacaciones y marcho a descubrir mundo -que es una de las cosas más importantes para mí-.
Volveré a finales de la semana que viene.
Desde donde voy, el Sevilla tendrá mi apoyo incondicional para doblegar al polvo de estrellas y hacerles morder el polvo, el de tierra.
Sed buenos.
Cuidaros.
Me tomo unas cortas vacaciones y marcho a descubrir mundo -que es una de las cosas más importantes para mí-.
Volveré a finales de la semana que viene.
Desde donde voy, el Sevilla tendrá mi apoyo incondicional para doblegar al polvo de estrellas y hacerles morder el polvo, el de tierra.
Sed buenos.
Cuidaros.
miércoles, 22 de abril de 2009
YO RENUNCIO
Saludos.
Yo renuncio a comentar más nada sobre nuestro equipo. Abandono.
Espearé al final de la Liga, esperaré a que pase lo que tenga que pasar y seguiré esperando que seamos MUY GRANDES -más de cincuenta años esperando y puedo seguir así algunos más-.
Este es mi blog personal, el de un sevillista, que cuelga comentarios de nuestro equipo y otras cosas.
Desde ahora y hasta que acabe el campeonato, solo habrá sitio para otras cosas, mis cosas, mis recuerdo, mis ideas y aquellas noticias o sucesos que me hagan reflexionar.
Nada más sobre el Sevilla. Nada.
Seguiré viendo los partidos y seguiré apoyando con todas las fibras de mi ser.
Pero no comentaré nada ni de los partidos, ni del juego, ni de Jiménez, ni de Del Nido...
Ya no.
Sufriré -o disfrutaré- en silencio.
A los anónimos del tipo que sean -pro, anti y solo por joder-: podéis iros a descansar porque ya no tendréis motivos para escribir insultos y barbaridades.
Nadie está obligado a entrar aquí, a leerme y aún así, os pido perdón a los amigos que, me consta, me visitáis de vez en cuando.
Quizá los temas que trate en adelante no os interesen. Lo entenderé. Pero como dije en otro momento, mi paciencia se agota.
Cuidaros.
EL CLUB PARASICOLOGICO
Saludos.
Durante unos cuantos años, de los muchos que pasé viviendo fuera de Sevilla, me sentí invadido de la pasión que se desató en España por los fenómenos paranormales.
Fueron tiempos de ovnis, telequinesias, psicofonías, ectoplasmas y ouija. Años de radio con Antonio José Alés y sus intrigantes "Alerta Ovni", de lecturas Isaac Asimov y Arthur C. Clarke, cuando hacían divulgación científica, y de Erich Von Däniken y Lobsang Rampa.
Nos juntamos unos cuantos amigos, todos devotos de lo esotérico y decidimos crear nuestro Club Parasicológico.
Tuvimos la inmensa suerte de llegar a ésa actividad cuando ya éramos adultos y realizar nuestras investigaciones con el distanciamiento suficiente, con carácter "deportivo" y como un divertimento. Mera curiosidad que impidió que algunas de nuestras experiencias nos provocaran trastornos posteriores.
Conozco algún caso de personas, demasiado jóvenes, que siguen arrastrando traumas fruto de hipnosis o viajes astrales mal planteados y peor superados.
Pero nosotros solo éramos curiosos. Y era la moda. Y quisimos hablar con los marcianos y poseer el "tercer ojo".
Llegamos a conocer a Manuel Osuna, "Honest Man", el pionero de la ufología en España y gran maestro para todos los que un día decidimos surcar los cielos nocturnos en busca de intligencias superiores. Y el maestro nos dijo: "podréis investigar un día, un mes, diez años o toda la vida, como yo, que nunca pasaréis de rozar lo oculto con la punta de los dedos". Y así fué.
Pero volvamos a aquel pueblo donde unos amigos quisimos desvelar los secretos del cosmos.
Como grupo versátil, decidimos no limitarnos a una sola actividad y organizamos veladas de ouija, grabaciones de psicofonías, noches de avistamientos, fotografía en infrarrojo -porque los "iniciados" sabíamos que es la única película sensible a presencias extrañas- y charlas, larguísimas charlas para desentrañar los orígenes del universo, el sentido de la vida, los porqués del hombre, los dioses...
Tamaño despropósito, seguramente, solo consiguió enturbiar aún más nuestras mentes y producir lo que somos ahora.
O todo lo contrario.
Con la ouija llegamos a tener un dominio cierto y sometíamos al tablero a las más diversas, intrincadas y profundas preguntas que imaginarse pueda. Las respuestas, generalmente, nos dejaban confundidos -porque eran ininteligibles o no sabíamos interpretarlas-. A veces, por el contrario, intentábamos hacerle "trampas" formulándole preguntas de una obviedad insultante y jamás, jamás, logramos que fallara.
Un día le dimos una sesión de ovnis y tras más de media hora de torturas al vasito, nos "informó" que haríamos un avistamiento a un día y hora determinados. Dijo que veríamos una formación de nueve naves, en ala delta, dirección norte-sur.
Excitados, esperamos el momento y nos desplazamos a una zona alejada de la población, donde las luces no interfirieran la visión del cielo nocturno. Apenas quince minutos antes de la hora convenida, el cielo se cubrió de nubes y no se alejaron hasta pasada media hora del tiempo de la cita.
Hubo quien quiso partir el tablero. Otro se emborrachó allí mismo y todos, al unísino, nos cagamos en una larga seria de cosas durante mucho rato, a berrido limpio. Todas de muchísimo respeto.
Pero no siempre fracasamos. Antonio José Alés, a quien tuvimos el gusto de conocer y tratar en muchas ocasiones -veraneaba en la aldea de El Rocio-, organizó una "Alerta Ovni" cuyo centro de operaciones se fijó allí. Aunque no se notificaron avistamientos espectaculares, sí que pudimos observar una luz anaranjada, redonda como una pelota de tenis, que se desplazó en todo el arco nocturno, a baja altura y gran velocidad y sin sonido alguno.
Hay una medida para determinar el tamaño de los ovnis cuando se ven en los cielos: si estiras el brazo y levantas el pulgar, la uña será la referencia para comparar. Así, podremos decir que vimos un ovni que "medía" media uña. Luego, por trigonometría, se puede llegar a saber, con aproximación, el tamaño de lo observado.
La pelota anaranjada de aquella noche, "medía" casi una uña entera, lo que significaba que "aquello" era muy grande.
Una noche de avistamientos, nos instalamos en un paraje que los lugareños llaman "La Boca del Lobo". Es un sitio recóndito y como su nombre sugiere, oscuro. De una oscuridad intensa y obsesiva. Ideal para detectar luces no convencionales.
Íbamos cargados de los pertinentes prismáticos y cámara fotográficas cargadas con película infrarroja, unos bocadillos y agua. Estuvimos por allí unas horas mirando, observando y anotando todo lo que quiso dejarse ver. Y aunque no hubo eventos llamativos, ocurrió algo insólito: Cuando decidimos marcharnos, aún quedaban dos o tres fotos en mi cámara y decidí dispararlas para terminar el rollo. Enfoqué hacia los árboles en la distancia y disparé; luego hacia un descampado y la última, hacia las bolsas de los equipos que teníamos en el suelo.
Al revelarlar ése rollo, en ésa última foto, aparece una cara de facciones regulares y lo que parece una barba. Está algo difusa y no se aprecian con detalles los rasgos, pero sí puede notarse que tiene unos pabellones auriculares notables, cejas espesas y rostro fino y alargado.
En ésa época, ninguno del grupo usaba barba.
Otra noche, en mi casa, hicimos la enésima sesión de psicofonía. Tenía una azotea pequeña, dos plantas más arriba de donde vivía y aislada con las suficientes garantías como para grabar allí sin intereferencias.
Tomamos una grabadora, una cinta de 90 minutos nueva, virgen, el micrófono con más de dos metros de cable -es necesario no grabar cerca de la cassette porque el motor puede producir errorres y ruidos- y tras consignar la introducción pertinente -día, hora, lugar y número de psicofonía-, depositamos el micrófono en un cojín y dejamos que trabajara sola.
Pasado el tiempo, subimos a recoger el equipo. Rebobinamos, nos colocamos los auriculares, subimos el volúmen al máximo y le dimos al "play". Pasaron los minutos y nada extraño ocurría. Pero cuando llevábamos alrededor de ochenta minutos, comenzamos a escuchar un golpeteo rítmico que iba creciendo y creciendo hasta que lo identíficamos, fácilmente, con un corazón. Pero se habían grabado los cuatro golpes reales -sístole y diástole- y a tal volúmen que hubimos de regular la escucha.
Pasados unos minutos, fue decreciendo hasta desaparecer.
Aquello nos "mosqueó" un tanto y enseguida pensamos en que alguien se había subido allí, se había colocado en micro en el pecho y nos estaba gastando una broma.
Sin embargo y para mayor seguridad, intentamos grabarnos nuestros corazones... sin el menor éxito. Un micro de cassette no grabar un corazón desde fuera, desde el pecho. Y ni en sueños, los cuatro golpes.
La cinta se difundió a nivel nacional desde el programa de Antonio José Alés.
Un miembro del grupo era Félix, un amigo especialmente inquieto, impulsivo y fantasioso. Con frecuencia debíamos frenarle sus "ideas" de investigación porque proponía cosas imposibles. Una noche en que volvía con su novia desde la capital de la provincia, divisaron unas luces extrañas enmedio del campo.
Félix frenó de golpe, dejó el coche con la novia dentro en la carretera y se lanzó en carrera a "conocer" -comentó más tarde- a los extraterrestres. Uno minutos después, estuvo a punto se ser arrollado por una cosechadora que hacía horas extraordinarias.
Tuvimos momentos muy enriquecedores en nuestro Club Parasicológico, grandes fracasos, algunos aciertos y sobre todo, muchísimas charlas con gente animosa y curiosa. Amigos con los que, a veces, conseguimos explicaciones filosóficas rocambolescas y jamás logramos estrecharle la mano a un señor verde y decirle:
"bienvenido a la Tierra".
Cuidaros.
Durante unos cuantos años, de los muchos que pasé viviendo fuera de Sevilla, me sentí invadido de la pasión que se desató en España por los fenómenos paranormales.
Fueron tiempos de ovnis, telequinesias, psicofonías, ectoplasmas y ouija. Años de radio con Antonio José Alés y sus intrigantes "Alerta Ovni", de lecturas Isaac Asimov y Arthur C. Clarke, cuando hacían divulgación científica, y de Erich Von Däniken y Lobsang Rampa.
Nos juntamos unos cuantos amigos, todos devotos de lo esotérico y decidimos crear nuestro Club Parasicológico.
Tuvimos la inmensa suerte de llegar a ésa actividad cuando ya éramos adultos y realizar nuestras investigaciones con el distanciamiento suficiente, con carácter "deportivo" y como un divertimento. Mera curiosidad que impidió que algunas de nuestras experiencias nos provocaran trastornos posteriores.
Conozco algún caso de personas, demasiado jóvenes, que siguen arrastrando traumas fruto de hipnosis o viajes astrales mal planteados y peor superados.
Pero nosotros solo éramos curiosos. Y era la moda. Y quisimos hablar con los marcianos y poseer el "tercer ojo".
Llegamos a conocer a Manuel Osuna, "Honest Man", el pionero de la ufología en España y gran maestro para todos los que un día decidimos surcar los cielos nocturnos en busca de intligencias superiores. Y el maestro nos dijo: "podréis investigar un día, un mes, diez años o toda la vida, como yo, que nunca pasaréis de rozar lo oculto con la punta de los dedos". Y así fué.
Pero volvamos a aquel pueblo donde unos amigos quisimos desvelar los secretos del cosmos.
Como grupo versátil, decidimos no limitarnos a una sola actividad y organizamos veladas de ouija, grabaciones de psicofonías, noches de avistamientos, fotografía en infrarrojo -porque los "iniciados" sabíamos que es la única película sensible a presencias extrañas- y charlas, larguísimas charlas para desentrañar los orígenes del universo, el sentido de la vida, los porqués del hombre, los dioses...
Tamaño despropósito, seguramente, solo consiguió enturbiar aún más nuestras mentes y producir lo que somos ahora.
O todo lo contrario.
Con la ouija llegamos a tener un dominio cierto y sometíamos al tablero a las más diversas, intrincadas y profundas preguntas que imaginarse pueda. Las respuestas, generalmente, nos dejaban confundidos -porque eran ininteligibles o no sabíamos interpretarlas-. A veces, por el contrario, intentábamos hacerle "trampas" formulándole preguntas de una obviedad insultante y jamás, jamás, logramos que fallara.
Un día le dimos una sesión de ovnis y tras más de media hora de torturas al vasito, nos "informó" que haríamos un avistamiento a un día y hora determinados. Dijo que veríamos una formación de nueve naves, en ala delta, dirección norte-sur.
Excitados, esperamos el momento y nos desplazamos a una zona alejada de la población, donde las luces no interfirieran la visión del cielo nocturno. Apenas quince minutos antes de la hora convenida, el cielo se cubrió de nubes y no se alejaron hasta pasada media hora del tiempo de la cita.
Hubo quien quiso partir el tablero. Otro se emborrachó allí mismo y todos, al unísino, nos cagamos en una larga seria de cosas durante mucho rato, a berrido limpio. Todas de muchísimo respeto.
Pero no siempre fracasamos. Antonio José Alés, a quien tuvimos el gusto de conocer y tratar en muchas ocasiones -veraneaba en la aldea de El Rocio-, organizó una "Alerta Ovni" cuyo centro de operaciones se fijó allí. Aunque no se notificaron avistamientos espectaculares, sí que pudimos observar una luz anaranjada, redonda como una pelota de tenis, que se desplazó en todo el arco nocturno, a baja altura y gran velocidad y sin sonido alguno.
Hay una medida para determinar el tamaño de los ovnis cuando se ven en los cielos: si estiras el brazo y levantas el pulgar, la uña será la referencia para comparar. Así, podremos decir que vimos un ovni que "medía" media uña. Luego, por trigonometría, se puede llegar a saber, con aproximación, el tamaño de lo observado.
La pelota anaranjada de aquella noche, "medía" casi una uña entera, lo que significaba que "aquello" era muy grande.
Una noche de avistamientos, nos instalamos en un paraje que los lugareños llaman "La Boca del Lobo". Es un sitio recóndito y como su nombre sugiere, oscuro. De una oscuridad intensa y obsesiva. Ideal para detectar luces no convencionales.
Íbamos cargados de los pertinentes prismáticos y cámara fotográficas cargadas con película infrarroja, unos bocadillos y agua. Estuvimos por allí unas horas mirando, observando y anotando todo lo que quiso dejarse ver. Y aunque no hubo eventos llamativos, ocurrió algo insólito: Cuando decidimos marcharnos, aún quedaban dos o tres fotos en mi cámara y decidí dispararlas para terminar el rollo. Enfoqué hacia los árboles en la distancia y disparé; luego hacia un descampado y la última, hacia las bolsas de los equipos que teníamos en el suelo.
Al revelarlar ése rollo, en ésa última foto, aparece una cara de facciones regulares y lo que parece una barba. Está algo difusa y no se aprecian con detalles los rasgos, pero sí puede notarse que tiene unos pabellones auriculares notables, cejas espesas y rostro fino y alargado.
En ésa época, ninguno del grupo usaba barba.
Otra noche, en mi casa, hicimos la enésima sesión de psicofonía. Tenía una azotea pequeña, dos plantas más arriba de donde vivía y aislada con las suficientes garantías como para grabar allí sin intereferencias.
Tomamos una grabadora, una cinta de 90 minutos nueva, virgen, el micrófono con más de dos metros de cable -es necesario no grabar cerca de la cassette porque el motor puede producir errorres y ruidos- y tras consignar la introducción pertinente -día, hora, lugar y número de psicofonía-, depositamos el micrófono en un cojín y dejamos que trabajara sola.
Pasado el tiempo, subimos a recoger el equipo. Rebobinamos, nos colocamos los auriculares, subimos el volúmen al máximo y le dimos al "play". Pasaron los minutos y nada extraño ocurría. Pero cuando llevábamos alrededor de ochenta minutos, comenzamos a escuchar un golpeteo rítmico que iba creciendo y creciendo hasta que lo identíficamos, fácilmente, con un corazón. Pero se habían grabado los cuatro golpes reales -sístole y diástole- y a tal volúmen que hubimos de regular la escucha.
Pasados unos minutos, fue decreciendo hasta desaparecer.
Aquello nos "mosqueó" un tanto y enseguida pensamos en que alguien se había subido allí, se había colocado en micro en el pecho y nos estaba gastando una broma.
Sin embargo y para mayor seguridad, intentamos grabarnos nuestros corazones... sin el menor éxito. Un micro de cassette no grabar un corazón desde fuera, desde el pecho. Y ni en sueños, los cuatro golpes.
La cinta se difundió a nivel nacional desde el programa de Antonio José Alés.
Un miembro del grupo era Félix, un amigo especialmente inquieto, impulsivo y fantasioso. Con frecuencia debíamos frenarle sus "ideas" de investigación porque proponía cosas imposibles. Una noche en que volvía con su novia desde la capital de la provincia, divisaron unas luces extrañas enmedio del campo.
Félix frenó de golpe, dejó el coche con la novia dentro en la carretera y se lanzó en carrera a "conocer" -comentó más tarde- a los extraterrestres. Uno minutos después, estuvo a punto se ser arrollado por una cosechadora que hacía horas extraordinarias.
Tuvimos momentos muy enriquecedores en nuestro Club Parasicológico, grandes fracasos, algunos aciertos y sobre todo, muchísimas charlas con gente animosa y curiosa. Amigos con los que, a veces, conseguimos explicaciones filosóficas rocambolescas y jamás logramos estrecharle la mano a un señor verde y decirle:
"bienvenido a la Tierra".
Cuidaros.
martes, 21 de abril de 2009
Y LOS SUEÑOS, CINE SON
Saludos.
Ayer volví a ver la película Casablanca y van... me sé los diálogos de memoria.
Sigue alucinándome lo que puede hacer un director hábil, Michael Curtiz, con cuatro perras y un guión cutre, rayano en lo pobrecito, pero con una magia que la convierten, para mí, en una de las más grandes obras del arte moderno.
Adoro el cine y mi relación con el celuloide es antigua y sólida. Para un crío con una mente llena de mundos posibles, el cine representaba la fuga de lo cotidiano, del gris ambiental de la dictadura y casi la única posibilidad de vivir otras realidades.
Y lo adoro todavía más porque desde los catorce a los diecisiete años, trabajé en una distribuidora de películas para Andalucía y tenía acceso a ver hasta dos sesiones gratis cada día.
Era, como veréis, un niño. Un niño con más imaginación que cuerpo y fantasía para dos cabezas y el cine, aquel rectángulo luminoso de grandes proporciones, me surtía de las sensaciones que la vida de entonces me hurtaba.
En aquella empresa teníamos un laboratorio donde se revisaban los rollos, se corregían defectos -casi todos los proyectores ocasionaban rayados y cortes-, se recibían las nuevas y se enviaban a los locales andaluces -llegué a saberme los nombres de todos los cines de nuestra tierra-.
Teníamos dos chicas que las manipulaban. Sobre una mesa amplia, dos soportes metálicos verticales donde se colocaban los rollos y con una manivela, pasaban de uno, el lleno, al otro, vacío. Angelita, que tuvo la grandeza de dejar que me hiciera su amigo -la primera persona que me llamó, cariñosamente, "Pepito" y que supuso un pequeño choque para mí, llamado siempre Jóse en casa-, iba mirando la cinta y cuando detectaba algún fallo, cortaba la parte dañada, raspaba un poco los bordes y aplicando acetona y un artilugio de presión, en unos segundos, volvía a pegarla.
Comprenderéis que cuando una película ya llevaba algún tiempo rodando, los cortes y saltos de escenas llegaban a inutilizarla, por lo que había que sacar otra copia del almacén.
Cuando se recibía una película nueva, venía acompañada de un cartón grande, rojo, de la Censura. Allí se especificaba qué escenas había que suprimir. Y Angelita, cumpliendo rigurosamente lo que ordenaba la autoridad, suprimía lo que hubiera que suprimir.
Pero iba tirando ésos trozos en una caja de cartón y regularmente, me regalaba aquellos fotogramas que recogían momentos que jamás se vieron en nuestras pantallas. Era desnudos, semi desnudos, piernas, pechos... Una joya para un adolescente.
En casa teníamos un proyector de 8 milímetros y yo conseguía manipular los fotogramas -de 35- de tal forma que lograba ver ésos tesoros. Imaginaros las consecuencias de aquello a ésas edades.
Hace unos años ví Cinema Paradiso y lloré. Lloré recordando mi vida y mi relación con el cine. Lloré porque a pesar de las triquiñuelas para escapar de la rigidez social, reviví la misma impotencia ante la mojigatería de la que no fuí consciente siendo niño.
De la misma forma y cuando de adulto fuí consciente de lo que los doblajes habían hecho con mis adoradas películas, sentí furia. Una furia sorda y peligrosa, desesperante, porque no habrá jamás justicia suficiente para explicar la castración social de varias generaciones. Y no habrá nunca razón que acredite el daño que la religión oficial nos hizo.
También trabajaba Ana Mari, secretaria del jefe. Un morenaza espectacular que se me antojaba actriz sin suerte, sin haber tenido alguna posibilidad, aunque la realidad era muy otra. Era, sencillamente, una secretaria. Pero mi cabeza creaba mundos.
Ana Mari, que también me premió son su amistad -incluso con su defensa cuando mi inexperiencia me ponía a los pies de mi jefe-, me regaló un día un beso "de película". Un beso que sigo llevando guardado en mi corazón porque por aquel entonces, Ana Mari era para mí LA BELLEZA en una mujer.
Y nuestros dos vendedores, nuestros "comerciales". Dos tipos que se recorrían Andalucía dos veces al año e iban vendiendo lotes de películas a los cines. Por supuesto, en el lote cabían algunas buenas y varias malas. Y su trabajo consistía en entremezclarlas sabiamente, es decir, contando los argumentos con tanta ficción como para hacer "picar" al comprador. Luego verían que eran, sencillamente, bodrios.
Uno de ellos, Alberto, tenía todo el aspecto físico de Miguel de la Quadra Salcedo y al igual que con Ana Mari, yo pensaba que había sido actor, en otra época, porque ya tenía algunos años. Tampoco aquí acerté pero yo me lo pasaba muy bien imaginando.
Cuando regresaban los vendedores, era los momentos de mayor trabajo porque había que programar las fechas para que los rollos estuvieran en los cines en las fechas establecidas y todo el soporte administrativo que suponía.
Y el contable, Alfonso, al que robaba cigarrillos a escondida, sin tregua y porque me caía mal y porque me pagaba muy poco.
Y Manolo, el jefe directo, el que me hartaba de trabajo mientras charlaba por teléfono, se iba a tomar café dos horas o tenía "reuniones" con los dueños de los cines de Sevilla. Mientras, yo debía atender el negocio solo.
A los diecisite, me fuí a la mili y mi vida tomó otros caminos.
Pero el cine sigue haciéndome soñar con la misma fuerza, la misma intensidad que entonces y sigue llenando mi cabeza de las mismas sensaciones de cuando era un niño curioso.
Cuidaros.
Ayer volví a ver la película Casablanca y van... me sé los diálogos de memoria.
Sigue alucinándome lo que puede hacer un director hábil, Michael Curtiz, con cuatro perras y un guión cutre, rayano en lo pobrecito, pero con una magia que la convierten, para mí, en una de las más grandes obras del arte moderno.
Adoro el cine y mi relación con el celuloide es antigua y sólida. Para un crío con una mente llena de mundos posibles, el cine representaba la fuga de lo cotidiano, del gris ambiental de la dictadura y casi la única posibilidad de vivir otras realidades.
Y lo adoro todavía más porque desde los catorce a los diecisiete años, trabajé en una distribuidora de películas para Andalucía y tenía acceso a ver hasta dos sesiones gratis cada día.
Era, como veréis, un niño. Un niño con más imaginación que cuerpo y fantasía para dos cabezas y el cine, aquel rectángulo luminoso de grandes proporciones, me surtía de las sensaciones que la vida de entonces me hurtaba.
En aquella empresa teníamos un laboratorio donde se revisaban los rollos, se corregían defectos -casi todos los proyectores ocasionaban rayados y cortes-, se recibían las nuevas y se enviaban a los locales andaluces -llegué a saberme los nombres de todos los cines de nuestra tierra-.
Teníamos dos chicas que las manipulaban. Sobre una mesa amplia, dos soportes metálicos verticales donde se colocaban los rollos y con una manivela, pasaban de uno, el lleno, al otro, vacío. Angelita, que tuvo la grandeza de dejar que me hiciera su amigo -la primera persona que me llamó, cariñosamente, "Pepito" y que supuso un pequeño choque para mí, llamado siempre Jóse en casa-, iba mirando la cinta y cuando detectaba algún fallo, cortaba la parte dañada, raspaba un poco los bordes y aplicando acetona y un artilugio de presión, en unos segundos, volvía a pegarla.
Comprenderéis que cuando una película ya llevaba algún tiempo rodando, los cortes y saltos de escenas llegaban a inutilizarla, por lo que había que sacar otra copia del almacén.
Cuando se recibía una película nueva, venía acompañada de un cartón grande, rojo, de la Censura. Allí se especificaba qué escenas había que suprimir. Y Angelita, cumpliendo rigurosamente lo que ordenaba la autoridad, suprimía lo que hubiera que suprimir.
Pero iba tirando ésos trozos en una caja de cartón y regularmente, me regalaba aquellos fotogramas que recogían momentos que jamás se vieron en nuestras pantallas. Era desnudos, semi desnudos, piernas, pechos... Una joya para un adolescente.
En casa teníamos un proyector de 8 milímetros y yo conseguía manipular los fotogramas -de 35- de tal forma que lograba ver ésos tesoros. Imaginaros las consecuencias de aquello a ésas edades.
Hace unos años ví Cinema Paradiso y lloré. Lloré recordando mi vida y mi relación con el cine. Lloré porque a pesar de las triquiñuelas para escapar de la rigidez social, reviví la misma impotencia ante la mojigatería de la que no fuí consciente siendo niño.
De la misma forma y cuando de adulto fuí consciente de lo que los doblajes habían hecho con mis adoradas películas, sentí furia. Una furia sorda y peligrosa, desesperante, porque no habrá jamás justicia suficiente para explicar la castración social de varias generaciones. Y no habrá nunca razón que acredite el daño que la religión oficial nos hizo.
También trabajaba Ana Mari, secretaria del jefe. Un morenaza espectacular que se me antojaba actriz sin suerte, sin haber tenido alguna posibilidad, aunque la realidad era muy otra. Era, sencillamente, una secretaria. Pero mi cabeza creaba mundos.
Ana Mari, que también me premió son su amistad -incluso con su defensa cuando mi inexperiencia me ponía a los pies de mi jefe-, me regaló un día un beso "de película". Un beso que sigo llevando guardado en mi corazón porque por aquel entonces, Ana Mari era para mí LA BELLEZA en una mujer.
Y nuestros dos vendedores, nuestros "comerciales". Dos tipos que se recorrían Andalucía dos veces al año e iban vendiendo lotes de películas a los cines. Por supuesto, en el lote cabían algunas buenas y varias malas. Y su trabajo consistía en entremezclarlas sabiamente, es decir, contando los argumentos con tanta ficción como para hacer "picar" al comprador. Luego verían que eran, sencillamente, bodrios.
Uno de ellos, Alberto, tenía todo el aspecto físico de Miguel de la Quadra Salcedo y al igual que con Ana Mari, yo pensaba que había sido actor, en otra época, porque ya tenía algunos años. Tampoco aquí acerté pero yo me lo pasaba muy bien imaginando.
Cuando regresaban los vendedores, era los momentos de mayor trabajo porque había que programar las fechas para que los rollos estuvieran en los cines en las fechas establecidas y todo el soporte administrativo que suponía.
Y el contable, Alfonso, al que robaba cigarrillos a escondida, sin tregua y porque me caía mal y porque me pagaba muy poco.
Y Manolo, el jefe directo, el que me hartaba de trabajo mientras charlaba por teléfono, se iba a tomar café dos horas o tenía "reuniones" con los dueños de los cines de Sevilla. Mientras, yo debía atender el negocio solo.
A los diecisite, me fuí a la mili y mi vida tomó otros caminos.
Pero el cine sigue haciéndome soñar con la misma fuerza, la misma intensidad que entonces y sigue llenando mi cabeza de las mismas sensaciones de cuando era un niño curioso.
Cuidaros.
EL TRAMO FINAL
Saludos.
Dos días después del espectáculo de Mestalla y tras haberme leído mil opiniones a favor y en contra de lo ocurrido -porque no pude ver el partido en directo y he tenido que verlo después-, concluyo con unas cuantas consideraciones.
En efecto, debo darle la razón a Del Nido porque el partido lo perdimos nosotros con nuestros fallos y errores puntuales y con dejarle el balón al Valencia. Otra vez el pasito atrás. Otra vez dejamos escapar con vida a un enemigo herido.
Pero no solo eso.
El árbitro, ése energúmeno que nos ha machacado siempre, fué designado por el Colegio para dirigir éste partido. La historia de Bernardino con el Sevilla no es nueva y hay pruebas de que es el equipo más castigado por éste tipo de toda la Liga. Ignoro si hay alguna cuestión personal en ello -algunos apuntan a vínculos familiares con béticos, lo que no me parece una causa suficiente habida cuenta de lo que nos jugamos cada semana-, pero lo cierto es que se le escoge, de todos los posibles, para pitarnos sabiendo que hará una demostración de inquina a base de tarjetas.
Porque se sabía, lo sabíamos y lo sabían y por eso estaba él y no otro.
Las razones para elegirlo se me escapan, pero resulta que es colocado, sabiamente, en un momento clave para la clasificación definitiva. Y para los dos próximos, otros dos ejemplares de árbitros de bajo nivel, por decir algo, y filiaciones conocidas.
Todos contra el Sevilla, en momentos clave, repito, y otros dos cuando jugamos contra los jefes del fútbol español. Elegidos desde la Federación.
A pesar de que se me pueda acusar de ver fantasmas, de persecusiones, no puedo evitar pensar que se van colocando éstos y no otros para ir minando, para hacer labor de zapa y no solo por los puntos en juego. Para ponernos "de los nervios" y desquiciarnos.
El Sevilla es un club molesto para los grandes porque, como bien apunta Ravesen en su excelente blog, representa una forma nueva, eficaz y modélica de gestionar un club. Y sin un presupuesto estrambótico, sin fichajes excéntricos y consolidando el club de manera contínua y sólida.
Como he dicho en otras ocasiones, en poco tiempo seremos los terceros en discordia y eso asusta.
Asusta a los poderosos -cómodamente instalados en sus negocios, en sus status y en su dominio estamental a todos los niveles-, que no se resignan a aceptarnos en el club de los selectos y ponen las trabas necesarias para evitarlo. Y los impedimentos, ésas trabas, comienzan en los medios que sabiamente manejan en todos los campos posibles, acosan sin tapujos, sin pudor y con ánimo, exclusivo, de dividir a la afición, al Club. Siguen con el sistema de fichajes, las sanciones recurridas y termina en la selección parcialísima, exquisita, de los árbitros.
Y quien me llame visionario, puede repasar las estadísticas y que me diga cuándo uno de los grandes ha sufrido algún castigo semejante a lo que Bernardino nos ha perpetrado en varias ocasiones.
¿Os imagináis un Valencia-Madrid o Valencia-Barcelona con el mismo tarjetero que el del domingo pasado? ¿A que no? Impensable. Imposible.
Y si alguna vez algún árbitro se despista y pita lo que vé, se le encierra en la nevera un par de meses.
Y si es al contrario, también, pero los puntos se los queda el Madrid o el Barça.
Pues al Sevilla, cuando cada punto vale el doble, cuando llegan los momentos decisivos de la competición, se nos ponen en fila toda la flor y nata del arbitraje y en la etapa de mayor crudeza, contra los grandes. Y el Valencia, detrás nuestro.
El mismo Valencia que casi con seguridad, tendrá que dejar salir a Villa, Silva, Mata, Pablo Hernández, Joaquín... hacia mejores destinos y para poder recomponer su caja. ¿El precio es que se quede en Champions el año que viene? ¿A costa de lo que sea? ¿Que pague el Sevilla ése supuesto pacto?
Porque si mi teoría es cierta, veremos más arbitrajes "raros" a favor de los de Mestalla en lo que queda por jugar. Y de algún otro por debajo. Démosnos tiempo.
Y veremos cómo se protejen los dos de arriba, frenando al único equipo que hoy, en España, puede hacerles frente. Y al único Club con la progresión necesaria para obligarles a repartir el espacio de la cúspide.
Y los arbitrajes "raros", contínuos, persiguen sabotear. Y desesperan y ponen nerviosos. Y lo hacen durante un partido y durante una fase de la Liga. Minan. Minan. Minan.
Todo dirigido desde arriba, desde los centros de poder.
Sigo sin ver claro que juguemos Champions y ni siquiera con liguilla previa porque no estamos dando la talla y no nos van a dejar. Fallamos en los momentos cruciales y tenemos que acarrear los arbitrajes en silencio, sin levantar la voz.
Tantos años de maltrato arbitral, federativo y económico me hacen sentirme pesimista y no puedo evitarlo porque la historia, si algo bueno tiene, es la capacidad de recordad cómo se nos hurtan ligas y puestos de champions.
La memoria.
Cuidaros.
Dos días después del espectáculo de Mestalla y tras haberme leído mil opiniones a favor y en contra de lo ocurrido -porque no pude ver el partido en directo y he tenido que verlo después-, concluyo con unas cuantas consideraciones.
En efecto, debo darle la razón a Del Nido porque el partido lo perdimos nosotros con nuestros fallos y errores puntuales y con dejarle el balón al Valencia. Otra vez el pasito atrás. Otra vez dejamos escapar con vida a un enemigo herido.
Pero no solo eso.
El árbitro, ése energúmeno que nos ha machacado siempre, fué designado por el Colegio para dirigir éste partido. La historia de Bernardino con el Sevilla no es nueva y hay pruebas de que es el equipo más castigado por éste tipo de toda la Liga. Ignoro si hay alguna cuestión personal en ello -algunos apuntan a vínculos familiares con béticos, lo que no me parece una causa suficiente habida cuenta de lo que nos jugamos cada semana-, pero lo cierto es que se le escoge, de todos los posibles, para pitarnos sabiendo que hará una demostración de inquina a base de tarjetas.
Porque se sabía, lo sabíamos y lo sabían y por eso estaba él y no otro.
Las razones para elegirlo se me escapan, pero resulta que es colocado, sabiamente, en un momento clave para la clasificación definitiva. Y para los dos próximos, otros dos ejemplares de árbitros de bajo nivel, por decir algo, y filiaciones conocidas.
Todos contra el Sevilla, en momentos clave, repito, y otros dos cuando jugamos contra los jefes del fútbol español. Elegidos desde la Federación.
A pesar de que se me pueda acusar de ver fantasmas, de persecusiones, no puedo evitar pensar que se van colocando éstos y no otros para ir minando, para hacer labor de zapa y no solo por los puntos en juego. Para ponernos "de los nervios" y desquiciarnos.
El Sevilla es un club molesto para los grandes porque, como bien apunta Ravesen en su excelente blog, representa una forma nueva, eficaz y modélica de gestionar un club. Y sin un presupuesto estrambótico, sin fichajes excéntricos y consolidando el club de manera contínua y sólida.
Como he dicho en otras ocasiones, en poco tiempo seremos los terceros en discordia y eso asusta.
Asusta a los poderosos -cómodamente instalados en sus negocios, en sus status y en su dominio estamental a todos los niveles-, que no se resignan a aceptarnos en el club de los selectos y ponen las trabas necesarias para evitarlo. Y los impedimentos, ésas trabas, comienzan en los medios que sabiamente manejan en todos los campos posibles, acosan sin tapujos, sin pudor y con ánimo, exclusivo, de dividir a la afición, al Club. Siguen con el sistema de fichajes, las sanciones recurridas y termina en la selección parcialísima, exquisita, de los árbitros.
Y quien me llame visionario, puede repasar las estadísticas y que me diga cuándo uno de los grandes ha sufrido algún castigo semejante a lo que Bernardino nos ha perpetrado en varias ocasiones.
¿Os imagináis un Valencia-Madrid o Valencia-Barcelona con el mismo tarjetero que el del domingo pasado? ¿A que no? Impensable. Imposible.
Y si alguna vez algún árbitro se despista y pita lo que vé, se le encierra en la nevera un par de meses.
Y si es al contrario, también, pero los puntos se los queda el Madrid o el Barça.
Pues al Sevilla, cuando cada punto vale el doble, cuando llegan los momentos decisivos de la competición, se nos ponen en fila toda la flor y nata del arbitraje y en la etapa de mayor crudeza, contra los grandes. Y el Valencia, detrás nuestro.
El mismo Valencia que casi con seguridad, tendrá que dejar salir a Villa, Silva, Mata, Pablo Hernández, Joaquín... hacia mejores destinos y para poder recomponer su caja. ¿El precio es que se quede en Champions el año que viene? ¿A costa de lo que sea? ¿Que pague el Sevilla ése supuesto pacto?
Porque si mi teoría es cierta, veremos más arbitrajes "raros" a favor de los de Mestalla en lo que queda por jugar. Y de algún otro por debajo. Démosnos tiempo.
Y veremos cómo se protejen los dos de arriba, frenando al único equipo que hoy, en España, puede hacerles frente. Y al único Club con la progresión necesaria para obligarles a repartir el espacio de la cúspide.
Y los arbitrajes "raros", contínuos, persiguen sabotear. Y desesperan y ponen nerviosos. Y lo hacen durante un partido y durante una fase de la Liga. Minan. Minan. Minan.
Todo dirigido desde arriba, desde los centros de poder.
Sigo sin ver claro que juguemos Champions y ni siquiera con liguilla previa porque no estamos dando la talla y no nos van a dejar. Fallamos en los momentos cruciales y tenemos que acarrear los arbitrajes en silencio, sin levantar la voz.
Tantos años de maltrato arbitral, federativo y económico me hacen sentirme pesimista y no puedo evitarlo porque la historia, si algo bueno tiene, es la capacidad de recordad cómo se nos hurtan ligas y puestos de champions.
La memoria.
Cuidaros.
lunes, 20 de abril de 2009
¿QUIEN VOTÓ A VILLAR?
Saludos.
El 24 de noviembre del pasado año, la Real Federación Española de Fúrgol celebró elecciones a la presidencia. El Sr. Villar las ganó obteniendo 144 votos -de los 165 presentes-, es decir, el 87%.
El Sr. Villar lleva en el cargo desde 1988 y deberá estar hasta 2012.
Es poseedor de las condecoraciones:
Éste Sr. Villar que, como digo, preside la Federación Española y dentro de ésta, en sus órganos, está el Comité Técnico de Árbitros.
Sin hacer un gran esfuerzo, podemos deducir que el control arbitral lo tiene, directamente, el Sr. Villar. Y el Sr. Villar es el mismo que dijo, textualmente, que "no se cerraba el campo del Barça porque él no quería". Afectado primero, el Sevilla.
No obstante y desde entonces, los cierres no se producen con tanta facilidad como cuando nos tocaba a nosotros y prefieren, magníficos administradores, multar económicamente a los equipos. Con ésos dineros, por ejemplo, se permiten vidas regaladas de altísimo standing.
El Sr. Villar es un perro agradecido. Agradecido porque lo mantienen ahí unos pocos clubes -los que gobiernan la Liga- y él les devuelve el favor administrando contra cualquiera que ose toserle a los poderosos. Y todos ganan.
Pues el Sr. Villar, ése que gestiona el fúrgol español, el que designa los árbitros que machacan a dieciocho equipos de la Liga BBVA, gana las elecciones con abrumadora mayoría.
¿Es masoquismo? ¿Hay otros intereses ocultos? ¿Qué intereses?
No se explica que dieciocho equipos graznen domingo sí, domingo también de los árbitros, los que designa Villar y su amigo y subalterno Victoriano Sánchez Arminio, y cuando llegan las elecciones, arrase.
No es lógico.
¿O sí?
¿Qué intereses ocultos permiten que se legisle a favor de dos y en contra de dieciocho y que, sorprendentemente, gane las elecciones año tras año, por mayoría y sin oposición?
¿Porqué el Sevilla, uno de los equipos más perjudicados de la Liga, sigue sin levantar la voz?
¿A quién votó el Sevilla en las elecciones del pasado 24 de noviembre?
Quizás puedan explicarnos porqué miles y miles de sevillistas de corazón, de carné y de sentimiento, deben ofuscarse casi cada partido y nadie, nadie, nos explique que hay un pacto para eso. Un pacto secreto de acatamiento y sumisión y por intereses inconfesables.
Cuidaros.
El 24 de noviembre del pasado año, la Real Federación Española de Fúrgol celebró elecciones a la presidencia. El Sr. Villar las ganó obteniendo 144 votos -de los 165 presentes-, es decir, el 87%.
El Sr. Villar lleva en el cargo desde 1988 y deberá estar hasta 2012.
Es poseedor de las condecoraciones:
- Real Órden del Mérito Deportivo, en su categoría de Medalla de Oro, del Gobierno de España.
- Gran Collar Extraordinario de la Orden de Honor al Mérito del Fútbol Suramericano.
- Distinciones varias de Federaciones de Ámbito Autonómico y de Clubes españoles.
- Desde 1992 : Miembro del Comité Ejecutivo y Vicepresidente (2000)
- 1992 - 2000: Presidente de la Comisión de Fútbol Sala.
- 1992 - 2000: Vicepresidente de la Comisión del Campeonato de Europa.
- 1992 - 1997: Miembro del Comité Ejecutivo en la Comisión de Expertos sobre Transferencias.
- 1992 - 1996: Presidente de la Comisión para Agentes Licenciados.
- 1992 - 1996: Miembro de la Comisión del Campeonato de Europa Sub - 21.
- 1994 - 2000: Presidente de la Comisión para el Desarrollo Técnico y Comisión JIRA.
- Desde 1998 : Miembro de UEFA en el Comité Ejecutivo de FIFA.
- Desde 2002 : Vicepresidente 3º.
- Desde 2002 : Miembro del Comité Ejecutivo en el Proyecto Meridian.
- Desde 2003: Presidente del Grupo de Trabajo para el Desarrollo del Fútbol.
- Desde 2007: Presidente de la Comisión de Árbitros.
- Desde 2007: Miembro del Consejo Estratégico del Fútbol Profesional.
- Desde 2007: Presidente Adjunto de la Comisión Jurídica.
- Desde 2007: Miembro del Foro Estratégico del Fútbol Profesional Europeo.
- 1993 - 1994: Miembro de la Comisión Técnica.
- Desde 1995: Miembro de las Comisiones Organizadoras de las Copa del Mundo Francia 98, Corea y Japón 2002, Alemania 2006 y Sudáfrica 2010.
- Desde 1998: Miembro del Comité Ejecutivo, en representación de UEFA
- Desde 1998: Presidente de la Comisión de Fútbol
- 1998 - 2002: Miembro de la Comisión de Árbitros
- 1998 - 2002: Vicepresidente de la Comisión Técnica
- 2000 - 2002: Miembro del Buró Goal
- Desde 2002: Vicepresidente
- Desde 2002: Presidente de la Comisión de Árbitros
- Desde 2002: Vicepresidente de la Comisión para Asuntos Legales
- Desde 2007: Asesor especial de la Comisión Estratégica
Éste Sr. Villar que, como digo, preside la Federación Española y dentro de ésta, en sus órganos, está el Comité Técnico de Árbitros.
Sin hacer un gran esfuerzo, podemos deducir que el control arbitral lo tiene, directamente, el Sr. Villar. Y el Sr. Villar es el mismo que dijo, textualmente, que "no se cerraba el campo del Barça porque él no quería". Afectado primero, el Sevilla.
No obstante y desde entonces, los cierres no se producen con tanta facilidad como cuando nos tocaba a nosotros y prefieren, magníficos administradores, multar económicamente a los equipos. Con ésos dineros, por ejemplo, se permiten vidas regaladas de altísimo standing.
El Sr. Villar es un perro agradecido. Agradecido porque lo mantienen ahí unos pocos clubes -los que gobiernan la Liga- y él les devuelve el favor administrando contra cualquiera que ose toserle a los poderosos. Y todos ganan.
Pues el Sr. Villar, ése que gestiona el fúrgol español, el que designa los árbitros que machacan a dieciocho equipos de la Liga BBVA, gana las elecciones con abrumadora mayoría.
¿Es masoquismo? ¿Hay otros intereses ocultos? ¿Qué intereses?
No se explica que dieciocho equipos graznen domingo sí, domingo también de los árbitros, los que designa Villar y su amigo y subalterno Victoriano Sánchez Arminio, y cuando llegan las elecciones, arrase.
No es lógico.
¿O sí?
¿Qué intereses ocultos permiten que se legisle a favor de dos y en contra de dieciocho y que, sorprendentemente, gane las elecciones año tras año, por mayoría y sin oposición?
¿Porqué el Sevilla, uno de los equipos más perjudicados de la Liga, sigue sin levantar la voz?
¿A quién votó el Sevilla en las elecciones del pasado 24 de noviembre?
Quizás puedan explicarnos porqué miles y miles de sevillistas de corazón, de carné y de sentimiento, deben ofuscarse casi cada partido y nadie, nadie, nos explique que hay un pacto para eso. Un pacto secreto de acatamiento y sumisión y por intereses inconfesables.
Cuidaros.
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