martes, 26 de mayo de 2009

DESDE LA TERCERA PLAZA






Saludos.

Manolo Jiménez ha sido confirmado en su puesto de entrenador del Sevilla por un año más.

La decisión del Consejo, justa lo miremos como lo miremos, ha sido premiar unos resultados excelentes, ampliando el contrato con el técnico de El Arahal, que nos clasifican como terceros en la Liga y con acceso directo a la Champions.

Los números, todos, están a favor de la decisión y tal como era previsible, el Consejo apuesta por la continuidad del de la casa. Y como el Sevilla es una Sociedad Anónima, los balances, positivos, señalan que la línea es la correcta.

Pero no todo el mundo piensa igual.

Un importante sector del sevillismo no está de acuerdo, ni lo estuvo desde el principio. Entre ellos, yo.

Y lo manifesté en su momento, mas tarde y en cuantas ocasiones se me presentaron, a otros sevillistas, a mis amigos, mi familia y por escrito. Sigo pensando que no es el entrenador adecuado para un Sevilla que debería aspirar a más, que debería ponerse las metas más altas, las totales, porque ha tenido, tiene y tendrá, equipo como para pedirle la Liga.

La meta debe ser la Liga. Como los muy grandes.

Según Del Nido, se le pidió cuartos y hemos terminado terceros. ¿Cabe imaginar que para éste año se le ha pedido terceros y que nos dejará segundos? ¿Y que dentro de un año, si lo consigue, se le pedirá segundos para terminar...?

Hay errores de estrategias en los que nos empecinamos en tropezar sin sentido. Desde hace cuatro o cinco años, el Sevilla se ha convertido en una alternativa clara a los dos gigantes. Si bien es cierto que nuestro presupuesto no puede competir con los de ellos, también lo es que en el terreno de juego, sobre el césped, esos presupuestos se diluyen cuando los equipos salen a ganar. Y el Sevilla ha demostrado, en varias ocasiones y recientemente, que el dinero es un asunto secundario.

Aunque pueda parecer una temeridad, ganar la Liga no es una panacea.

Los clubes de fútbol, decía, son sociedades anónimas y como tales, deben organizarse para que las cuentas salgan positivas al final de cada ejercicio. Todo, por tanto, tiene que dirigirse en ése sentido. Así, renovar a Manolo no es sino una decisión estratégica, de política empresarial en tanto que la inversión ha salido más que rentable y el Consejo, lógicamente, apuesta por el continuísmo de la opción que presenta beneficios.

Desde ésa óptica y porque ya no hay otra, gestionar un club se ha convertido en un entramado de intereses económicos en el que el deporte, el espectáculo y el arte han sido apartados y supeditados a las frías cifras, a los resultados.

Ya no importa el juego bonito, el disfrute de los espectadores, la magia que once en pantalón corto pueden ofrecer, la Escuela Sevillana y otras zarandajas porque lo que interesa, por encima y sobre todo, son las cifras que garantizan unos resultados. Resultados que deben obtenerse a costa de todo lo demás porque hay muchísimo dinero en juego.

Tampoco importa que miles deban asisitir a decenas de partidos insufribles porque se gana y en ganando, aunque sea a trágala pura y dura, todo lo demás se vuelve secundario.

Los amantes del buen fútbol, trágicamente, están en retroceso porque los resultados -que contraria y paradójicamente suelen llegar más a menudo haciéndolo bonito y divertido para el que mira-, imponen su tiranía y otros tantos miles los somatizan como única y verdadera opción, religiosamente.

Y si miles lo apoyan y lo aprueban, las decisiones monetarias se refuerzan hasta el extremo de convertirse en doctrina.

¡Y ay de aquel que disienta!

Los resultados, las cifras, son las puntas de lanza con la que ensartar al otro, al diferente, al que no piensa igual, porque ahí están los datos. ¿Y quién puede, quién osa cuestionar las matemáticas, los balances, las estadísticas?

¿Jogo bonito..? Resultados. ¿Espectáculo..? Resultados. ¿Arte..? Resultados. ¿Escuela Sevillana..? Resultados.

La facción Resultados gobierna, la facción Espectáculo en retirada.

Pero no nos engañemos ni pretendamos engañar a los demás: todos sabemos que el binomio resultados/negocio es una imposición forzada, producto de los tiempos que corremos y aceptada, tolerada y defendida, en muchos casos, para ocultar deficiencias y necesidades insatisfechas.

Ni siquiera los incondicionales de los resultados , los más acérrimos, resistirían un mínimo debate sobre Fútbol -con mayúsculas y enfatizado-. porque tras pronunciar la palabra mágica, se acabó cualquier otra consideración.

Hoy, en un altísimo porcentaje, el análisis de un partido es: "por lo menos nos trajimos los tres puntos" o "tres puntos y punto". Resultado. Fin del debate.

Los defensores ultramontanos de los resultados cometen la torpeza increíble de pensar que los otros, los que deseamos, además, espectáculo, prefiramos jugar bien y perder que lo contrario.

Hemos leído montones de barbarides en ése sentido y mi capacidad de sorpresa amenza con estallar porque se puede ser seguidor ciego, ultra seguidor o como queramos llamarlos, pero no es de recibo que sean estúpidos. Y como pienso que no lo son, solo se me ocurre pensar que para tratar de tapar aquellas insuficiencias, las insatisfacciones de un juego antiestético y rácano, además de los resultados que nos refriegan hasta la saciedad, deben echar manos de los insultos, las agresiones verbales -afortunadamente- para elevar una cortina de humo que difumine que tenemos razón.

Yo no estaré nunca de acuerdo en que la libertad de expresión deba pasar por abochornar a los jugadores, al técnico ni al presidente; tampoco que se coloque al entrenador cual muñeco de feria y al que todo el mundo tenga derecho a vapulear y ni mencionar lo que los medios intentan hacer porque esos medios existen en tanto que haya receptores que los mantengan

Pero de la misma forma y por el contrario, entenderé a quienes se expresen en la manera que deseen si, como principio irrenunciable, se mantienen dentro de los límites del respeto absoluto a las personas.

Y hemos escuchado, visto y leído, aberraciones sin sentido desde todos los ámbitos, desde todas las ópticas que solo han servido para mostrarnos la calidad individual de cada cual.

El hecho que de todos seamos apasionados del Sevilla, solo es una circunstancia sentimental. Solo eso.

Manolo Jiménez afrontará su tercera temporada como entrenador del Sevilla y en el currículo de técnico, mostrará su tercer puesto en la Liga. Solo eso.

En dos años y frente a cinco o seis competiciones, solo tiene en su haber un tercer puesto en la Liga y el premio, desproporcionado desde mi punto de vista, será confirmarlo al frente de un equipo infrautilizado.

Y el futuro, para los ignorantes como yo, augura otra era de resultadismo a cualquier precio porque así se le exige.

De cualquier forma, será el entrenador de mi equipo y por ello, le debo el respeto suficiente y necesario, como a cualquier otra persona.

Y como sevillistas ambos, él y yo, deseo que triunfe porque sería sinónimo de triunfo del Sevilla. Incluso a costa de las soporíferas sesiones que adivino porque, a mi pesar, no espero espectáculo.

En cualquier caso, mis comentarios sobre Manolo Jiménez, en la próxima campaña, serán minuciosamente mesurados cuando no ausentes.

¡Hasta la muerte!

Cuidaros.

P.D. Queridos anónimos, ahorraros el trabajo. Gracias.

1 comentario:

MAGASE dijo...

hermano esto que dices es algo que yo siento,pero que nunca jamás sabria expresarlo de la forma tan elegante que tú lo haces,es por eso que hoy vengo a verte...


te tengo que seguir queriendo cada dia mas.

cuidate,tenemos un café pendiente,o una cena,o lo que querais tu mujer y tú,estaremos sin duda en contacto permanente.