viernes 18 de diciembre de 2009

COLUMNAS BLANCAS



Saludos.

Mi último artículo en Columnas Blancas.

Cuidaros.

EL PORTERO



Saludos.

Mi hermano Paco, el mayor de diez -cinco años por encima de mí-, era portero. Lo fue desde que siendo preadolescente y debilucho, el médico le prescribió el deporte como único medio de fortalecer un organismo mal desarrollado.

Hablo de los años inmediato posteriores a la postguerra, cuando aún las secuelas y efectos de la tragedia seguían asolando el país, cuando la alimentación era escasa, mala y pobre en nutrientes. De racionamiento.


Aquel doctor nos trató a casi todos en mi casa y para la época, un hombre esencialmente amable, cariñoso y muy profesional y si algún fallo tuvo me tocó a mí porque me dejó un diente en fuera de juego. El diente sigue ahí y por mucho que apelemos al Comité, sigue en off side.

Los comienzos de mi hermano fueron en el quipo del barrio, el U.D. Loreto, donde pronto comenzó a destacar por sus aptitudes aunque no siempre iban acompañadas de sus actitudes, las que pasado el tiempo le llevarían a finalizar su carrera deportiva antes de lo deseado.


Lo recuerdo llegar a casa tras los partidos con los muslos desollados, los codos abiertos e incluso, los nudillos despellejados. Y siempre con sus rodilleras, sus calzonas y maillots acolchados en hombros y codos y los laterales del pantalón corto. Y la preocupación de mi madre, la sevillista, por la salud y la integridad del deportista.


Y el olor del Linimento Sloan. El del "tío del bigote".


 

 Mi hermano era guapetón, ligón y deportista. Y ésa mezcla valía un tesoro en aquellos tiempos en los que los demás -los que no éramos guapetones, ligones ni deportistas-, tuvimos que conformarnos con el conocido intento de refriegue de los picús.

Tenía un lunar justo enmedio de la barbilla, bajo el labio inferior, que, decían ellas, era muy... buscad un equivalente a erótico, pero situaros en el país de aquellas fechas. Si podéis. ¿Quizás "chévere"? El lunar, pasados los años, perdió vigor y vistosidad y al final casi que no se notaba.

Como tenía el carácter que tenía, pronto lo invitaron a abandonar el Loreto y ahí comenzó una carrera llena de destinos, equipos y disputas. Incluso hubo un momento en que estuvo siendo probado, a la vez, en los dos equipos de la ciudad. De uno, el verde, salió rápido porque quien debía representarlo era homosexual (término aún no inventado y que entonces era, sencillamente, "mariquita" o "parguela") y parece que se cobraba su trabajo con intereses.

Del otro, el de sus amores, poco o nada que hacer tras los Rodri o Bonilla. Eran los tiempos de Lora y me contaba maravillado que en una par de sesiones de entrenamiento con el primer equipo, vió a Don Enrique subirse la grada con una sola pierna en más de una ocasión. El resto se rendía a medio camino.


Mi hermano lo intentó conmigo, sin éxito, y con el hermano que me sigue. Con éste a punto estuvo de lograrlo, pero se juntaron dos actitudes totalmente opuestas y ésa relación jamás fructificó. El más pequeño, excelente medio centro, fino, elegante y preciso, llegó a ser probado en el Mérida -donde militaba entonces Paco- ¡en un campo de césped! El novato, habituado a la tierra, no rindió según se esperaba de él y fue eyectado a Sevilla sin contemplaciones. "No sirve", dijeron y eso pareció afectarle en lo más profundo porque abandonó toda actividad deportiva para siempre.


En el Mérida de tercera, Paco sobresalió como arquero. Hay algún recorte de prensa local donde se le puede ver sacado a hombros del estadio, como si fuera un torero. Pero su otra gran pasión, las chicas y su carácter machista y posesivo, a punto estuvieron de jugarle el peor partido de su vida y solo el Destino -y un poco de ayuda paterna-, lograron evitarle la obligada estancia en habitación cerrada con gran llave, de la que no puedes salir aunque quieras y donde no dá el sol.


De mérida pasó al Córdoba de Baltasar -del que contaba escandalizado que tenía un pene desproporcionado-, pero tampoco llegó a cuajar. A cambio, lo enviaron al Puente Genil dejando buen recuerdo entre los aficionados y malo ante el equipo técnico. Como siempre.


Su último gran destino fué el Isla Cristina.


Allí jugaban tres de Sevilla que "entrenaban" aquí y solo se desplazaban para los partidos por lo que podemos dejar a la voluntariedad del personal su estado óptimo de juego. Uno de ellos, el Moyi de Los Pajaritos, le pegaba como un descosido a una sustancia de procedencia marroquí que se fuma mezclada con tabaco y que produce estado general de bienestar, lima asperezas, recolorea el mundo, viajas si moverte del sitio y provoca, incluso, risas. Muchas risas por cualquier cosa porque todo tiene gracia.


Mi primera visita a Isla coincidió con el Carnaval. Me llevó mi hermano como invitado. Allí ví, por primera vez en mi vida, a las chavalas desfilando con minifalda. Guapísimas, altísimas, buenísimas... impactantes para un adolescente. Situado en primera fila de curiosos y animadores, una de ellas, quizás disfrutando con la cara de embobado que yo tenía y viendo en mis ojos al más rendido admirador -que lo era en ésos momentos-, me guiñó un ojo al llegar a mi altura.


Un latigazo no me hubiera producido mayor reacción física. Ni por supuesto, mejor.


También me comí allí mi primer gran filetón de pez espada, algo insólito y desconocido, todo entero para mí y ¡sobresalía del plato!. Es, con toda seguridad, el pescado del que mejor recuerdo tenga en mi vida. Y he comido muchos después.


Y Isla Cristina tiene playa. En Playa Central y en aquellas fechas en que todavía no había llegado el verano pero con muy buen tiempo, nos fuimos mi hermano, el Moyi y yo. Íbamos acompañados de tres chavalas: los dos ligues de ellos y una tercera, más joven, que me habían "buscado" a mí.


Tumbados vestidos en la arena, los otros se dedicaron a lo suyo, es decir, a magrear a sus parejas. Yo, imberbe, inocente y tímido como pocos, estaba aterrorizado. No sabía qué hacer aunque ellos me animaran por señas, guiños y gestos. Resultado: creo que no quedé registrado en la memoria de aquella chica para nada loable.


También fué allí donde entre por primera vez en una boite como un adulto -que no lo era-. Pero parece que había más permisividad entonces o connivencia entre porteros. El caso es que entré, me tomé algo con alcohol que no recuerdo, la agarré fuerte y dije tonterías tales como invitar a una chica a bailar. Como se negó amablemente -puede que no fuera su tipo-, solo acerté a preguntarle si es que era coja. Y lo era.


¿Os situáis en ésos momentos en que uno piensa "tierra, trágame". Pues eso.


Mi hermano, el cancerbero, colgó las botas en Isla Cristina, se buscó un trabajo "decente" -mi padre dixit-, se casó con una chica encantadora de Huelva, dejó un par de sobrinas preciosas, una cuñada maravillosa y se fué con 55 años al Tercer Anillo con Antonio, Pedro, Manolo...


Mi hermano no triunfó en el fútbol porque su carácter se lo impidió. Tenía la perversa manía de pretender decirle a los entrenadores lo que debían hacer. Y ellos no se dejaban impresionar por un guardameta cualquiera.


Es mi pequeño homenaje a quien pudo ser.


Cuidaros

martes 15 de diciembre de 2009

LOS GUIÑOS DE DEL NIDO




Saludos.
Desde que José María Del Nido asumiera la Presidencia del Consejo de Administración del Sevilla Football Club, ha realizado varios gestos para con la Historia del Equipo que además de importantes, son significativos.
Bajo su mandato, el Club cumplió “oficialmente”, cien años –aunque hayamos algunos locos que pensemos que son, por lo menos, 119 y será cuestión de tiempo demostrarlo-, en un bienio mágico y llevando al Sevilla a sus momentos más gloriosos.
Además de que fuera una celebración brillante en todos sus aspectos –actos, himno y copas-, retomó la preciosa indumentaria clásica de equipación blanca y medias negras –aunque añadiera, en las de competiciones europeas, colores ajenos y de tamaño imposible-.

(En la foto, un encuentro con nuestros vecinos de 1922, en el Estadio de la Victoria. Resultado: Sevilla FC 6 – Betis 1. )
También inauguró el busto de Ramón Sánchez Pizjuan, acuerdo de Junta de 1957, cuestión que ya “olía” y que deberá incorporarse a una “galería de nobles” y en el supuesto de que existirá en el futuro.
Y en la última, quizás mal asesorado –y me arriesgo a ofender a alguien sin pretenderlo-, ha intentado solucionar las incógnitas que rodean a la posición de los colores de la bandera y el escudo.
Sin éxito.
Como muy bien han demostrado los amigos que más saben de eso una barbaridad, tanto una como otro deberán redibujar su definición porque no se corresponden con lo acordado ni con la Historia.
En algún comentarista de la actualidad sevillista, he querido detectar cierta sorna sobre el valor de ésa iniciativa y a pesar de que tiene todo el derecho del mundo a tratar las noticias como mejor le convenga –y no seré yo quien cuestiones su sevillismo-, no debería olvidar que el Sevilla FC es un todo; es el ahora, el mañana, el ayer y el pasado. Son sus colores y sus símbolos los que nos definen y los que nos distinguen de los demás.
Ni todo son los tres puntos del domingo, ni todo gira a lo acaecido en 1890. Somos la suma gloriosa de 119 años de trayectoria.
Pero Del Nido también hizo gestos al futuro.
En la efervescencia del bienio mágico y después, sus frases –debería cobrar patente-, se han propagado y ya es normal escuchar en bocas de otros presidentes, políticos y personal asiduo a los telediarios, hablar del “sí o sí”.
Dijo: “nosotros a lo nuestro…” y convirtió al Sevilla FC en un sólido estamento deportivo/económico de reconocido prestigio en todo el mundo, porque logró reunir un Equipo de personas de extraordinario valor y dejarlos trabajar.
Dijo: “lo mejor está por llegar” y nadie lo duda. Sin embargo, el ambicioso Del Nido parece haber asumido que su sitio es la tercera plaza y se enroca en ella. Y eso no es propio de quien ambiciona cotas superiores.
Seguimos pendientes de convencernos de que podemos ganar la Liga, de que debemos salir a por ella cada verano y que quedar terceros es un “fracaso” –nótense las comillas, por favor-.
Y nos falta cierta ambición territorial.
Yo no creo en las fronteras, pero sería inimaginable no hablar del “mejor Equipo andaluz de la Historia”; de “representar” a Andalucía; a Sevilla; al sur de España…
Ésa confusión nacionalista –con el Estado-, nos está restando posibilidades. Y aunque yo jamás le pediría que dijera las chorradas de algún otro, tampoco estaría mal que asumiera que somos los representantes más cualificados –por no decir los únicos-, de un territorio que se denomina Andalucía. Y dentro de ella, Sevilla.
Y trabajar para que los andaluces todos, sean fanáticos de quienes sean, nos sintamos orgullosos de los equipos andaluces y luchemos por ellos.
Ahorraros los pensamientos que barrunto porque me los conozco.
Puede que haya llegado el momento de dar otro golpe de timón y hacer apuestas más fuertes porque no dudo de que todo el sevillismo, todo el que está repartido por el mundo, apoyará una nueva inyección de ambición.
Hipodérmica, a ser posible.
Cuidaros.

domingo 13 de diciembre de 2009

AMINETU



Saludos.

Hay una determinación en ésa mirada que intimida. O enamora. Es el brillo de las conciencias fuertes, la profundidad del infinito, el valor de lo posible.

Aminetu Haidar es saharaui. Aminetu es española. Y Aminetu somos todos.

¿Cómo era aquello de los que luchan toda la vida? Pues las vidas pueden ser muy cortas y hay quien está dispuesta a vivirla.

Días de hipocresía los que vivimos los hipócritas todos. Días de soportar barbaridades de los bárbaros que nos gobiernan, los que nos deciden las vidas, los que nos ordenan los pensamientos.

Días de vergüenzas propias y ajenas, de chantajes emocionales y de falacias sin límite.

Aminatu es una luchadora. Es rebelde y está dispuesta a morir por ello. Y eso no cabe en las cabezas de los pusilánimes que rigen nuestros universos. Y tal les dá porque siempre ganan. Los a favor y los en contra. Los otros y los unos, todos los mismos.

Falsos.

Hay una conciencia subyacente, mala conciencia con los hermanos saharauis, que nos ruboriza y nos obliga a mirar para otro lado. Somos los grandes traidores y lo sabemos porque somos los vendedores de baratijas, cicateros, regateadores y perversos.

Y nadie piensa en ellos, en los hijos y hermanos arrojados a la basura para beneficio del sátrapa, el ladino. Otro sátrapa. El mismo que nos frena los radicalismos de la parte estrecha y al que hay que consentir todos los caprichos. El mismo que no conoce la palabra escrúpulo.

Como nosotros.

Miseria mental colectiva que no lava el fuego.

Hoy me inclino ante tí, Aminetu, porque luchar contra tan grandes enemigos solo puede costarte la vida.

Aún así, cuídate, por favor.

sábado 12 de diciembre de 2009

LA PRECISION


Saludos.

Lean lo que publica hoy Columnas Blancas, artículo de Don Carlos Romero, sobre lo que deberíamos tener presente para definir los símbolos del Sevilla FC.

Convendría, para que la rigurosidad se manifestara en los actos del Club, que no se adoptaran decisiones sin tener todas las opciones disponibles o, en el peor de los casos, la mayor cantidad posible de ellas.

Don Carlos solo muestra ahí parte de lo que conoce sobre simbología sevillista, parte de su amplísimo y extenso fondo documental de la Historia del Sevilla FC.

Y como Don Carlos, otros varios palanganas, aunando esfuerzos, coordinados y disciplinados, hurgan en la historia con un trabajo discreto, contínuo, incesante y difícil, para mostrar las verdaderas crónicas de un Club con más de 119 años de existencia.

Un trabajo colosal el de ésos amigos.

Un trabajo anónimo y monumental y solo por amor a unos colores y a unos símbolos.

Y todo ése esfuerzo, toda ésa documentación, están a disposición de cualquier sevillista que lo pida. Incluso del Consejo de Administración del Club.

Otra vez, Don Carlos, debo felicitarte por tu trabajo.

Gracias, amigo.

Cuidaros.

viernes 11 de diciembre de 2009

COLUMNAS BLANCAS


Saludos.

Mi último artículo en Columnas Blancas.

Cuidaros.

jueves 10 de diciembre de 2009

REFLEXIONES SOBRE FUTBOL -1-

Saludos.

Desde que el deporte fútbol se constituyera en objeto de tensión y pasión para los espectadores, es decir, desde su inicio y mucho antes de que la práctica generalizada acentuara la formación crítica del que mira –porque conociendo las reglas, los esfuerzos y las dificultades, te dotas de mayor capacidad de juzgar-, la función espectáculo tuvo la virtud de llenar de fervientes seguidores los campos, estadios y recintos de todo tipo y tamaño.

El fútbol genera, pues, una atracción estética indudable porque, y sin que su o sus creadores lo pretendieran especialmente, había mucho de lucha ancestral en su esencia. El refinamiento social, sin embargo, lo dota de condicionantes artísticos que lo convierten en sucedáneo hermoso de las guerras tribales. No hay sangre, generalmente, pero los triunfos de la batalla son equivalentes.

La condición de amateurismo termina pronto ya que los afanes por imponerse a los contrarios exigen que los gladiadores sean expertos, hábiles, rápidos y fiables. Y el dinero permite incorporar los elementos que, teóricamente, te garanticen los mejores resultados o incrementen sensiblemente las posibilidades de vencer.

Las reglas del fútbol son idénticas para todos. Sin embargo, cada conjunto las interpreta en función de sus capacidades, su formación, su escuela y las estrategias que designen los que dirigen ésos equipos.

Los elementos que se incorporan proceden de dos fuentes: la propia, la cantera, donde se instalan desde niños y son formados física y mentalmente como integrantes absolutos e identificados con los colores, y la externa, de donde se extraen aquellos que suplen las carencias de las fuentes propias o mejoran sustancialmente ésa escasez de recursos.

Organizados, pues, al estilo militar –recordemos que estamos trasladando los impulsos ancestrales a un campo de juego-, se designa a una persona, supuestamente experta en estrategias –carnet de entrenador conseguido, suponemos, superando estudios y pruebas suficientes-, para que organice éste ejército.

Debe organizarlo, ciertamente, en todas sus facetas, en todas las que conciernen a la estructura del equipo: desde los chiquitos de la cantera hasta los profesionales expertos del primer conjunto. El general/entrenador de éste ejército debe proyectar sus campañas de dos formas:

La inmediata, la que esté en curso y sobre la que se le exigirán los mejores resultados y la futura, planificando, extrayendo nuevos valores, descartando otros…

Todo entrenador medianamente bien formado seguirá las mismas pautas. No obstante es un cargo temporal, muy condicionado por los resultados e infinitamente más corto, generalmente, que los de los jugadores.

También, cuando ésos resultados no acompañan, es más económico para el Club cambiar de entrenador que despedir a varios jugadores. A veces, también es visible el malestar de los jugadores con el modelo, o las formas, del entrenador y ello se trasluce en la actitud en el campo.

Serían como los generales que se destituían por perder batallas y solo en casos extremos –cobardía ante el enemigo- se diezmaba a la tropa.

La pasión por el fútbol tiene mucho de ancestral en sus formas y en su fondo, como señalaba al principio. Han cambiado las maneras externas, pero los sentimientos de los seguidores siguen siendo tan viscerales como lo fueran en otros tiempos y dirigidos hacia el “enemigo”. Antes se conseguían botines saqueando las ciudades de los vencidos y hoy se atesoran méritos, trofeos y dinero. El dinero que permitirá fortalecer las estructuras y adquirir nuevos valores de más calidad y por tanto, más caros.

Pretendemos ganar siempre y de las formas que sean. Y en ésas formas, se incluyen la injusticia, la trampa, el dolor, el daño y el ridículo. Todo es bueno para humillar al otro y como sentencia el dicho popular “en el amor y en la guerra, todo vale”. Todo vale para derrotar a los ejércitos invasores. O para invadirlos en sus feudos.

Y como son sentimientos tan parciales y subjetivos, perdonaremos todas nuestras faltas y reclamaremos, por el contrario y de la manera más estruendosa, cualquier desliz del otro. Nuestros filtros propios, para nosotros mismos, son amplios y estrechos, muy estrechos, para los demás.

La situación puede llegar al delirio si la victoria se ejerce sobre un contrario cercano, de la misma ciudad. En Sevilla, la pasión entre los dos clubes –hay muchos más ejemplos por el mundo-, es ancestral, profunda e irreconciliable. Llega al extremo de tener que ser “anti” el otro como requisito fundamental para ejercer de buen “pro”. Porque decir “yo no soy anti…” parece un poco forzado, casi increíble.

Ésa pasión solo admite un color y el otro debe, si fuese posible, desaparecer. Llega al extremo de falsificar las historias, los méritos y las consecuciones del otro para “apoyar” la propia. Especialmente si uno de los dos es más importante, más grande o alberga mejores crónicas cuando el menos destacado pretende, a falta de logros propios, minimizar, ridiculizar o minusvalorar los del otro.

Por extensión, nos declaramos contra el resto de equipos que conforman la Liga. Hay, sin embargo, unos que nos caen mejor y otros a los que no podemos ni ver.

Es curioso que sin tener estadísticas fiables, suelo detectar más sevillistas que rechazan todo lo relacionado con los equipos de Madrid y, por el contrario, aceptan de buen grado las victorias de los de Barcelona.

Y entre los aficionados béticos el caso es inverso pues siempre he encontrado más seguidores del Madrid como segunda opción.

También la cercanía a la ciudad origen puede ser determinante. En Andalucía, las relaciones entre aficionados de todos los clubes suelen ser malas y no sirve que pongamos siempre como ejemplo la demostrada solidaridad de los equipos vascos.

Hay aficiones “hermanadas” –porque históricamente las relaciones han sido superiores a lo meramente deportivo- y otras que se “odian” total y definitivamente. Y los ejemplos valen en casi todas las ciudades y comunidades con dos o más equipos de la máxima categoría.

Pero los equipos, los ejércitos, se organizan siempre –con variantes, lógicamente-, de manera que observamos tres líneas bien definidas:

La defensiva, que debe garantizar que el contrario no marque.

La creativa y de contención.

La realizadora.

Cuidaros.