jueves, 19 de mayo de 2011

ES EL MODELO ( y II)

 

Saludos.

Decía en la entrada anterior que quería hablar del mercado.

El modelo económico de libre mercado, el capitalismo, ha terminado por imponerse en el mundo. En todas sus variantes (suave, duro, salvaje, de estado…), es el modelo, con leves diferencias, que rige los destinos de los ciudadanos, de los gobiernos, de las democracias y de cualquiera sea la forma organización social que nos imaginemos.

Una crisis de mercado (como la que arrastramos, sufrimos y pagamos a precio desorbitado desde hace unos años), desestabiliza, empobrece, asola, dispara las cifras de hambre y miseria, tumba partidos y gobiernos y deja en “cuarentena” a las democracias. A todas.

Sin embargo, el núcleo duro del capitalismo (los bancos), siguen presentando balances de ganancias año tras año.

Llegan al extremo de extraer “ayudas” estatales (de los impuestos de todos) y seguir presentando beneficios. Sin pudor, se aplican aquella máxima de “socializar las pérdidas y privatizar las ganancias” con todas sus consecuencias. Sin escrúpulos como el mismo modelo, como el capitalismo.

No hay salidas perceptibles porque las alternativas probadas han sido fiascos monumentales, deformadas por aquellos que se suponía deberían haberlas llevado al éxito.

Fueron corruptas casi desde el principio.

Y el capitalismo es la esencia misma de la corrupción.

El capitalismo (que ha terminado por instalarse en las raíces más profundas de nuestros pensamientos), necesita de sistemas estables para desarrollarse, crecer y obtener beneficios (meta, a la postre, de cualquier capitalista). Nos ha corrompido a todos en mayor o menor medida. De alguna forma (por acción o por omisión), nos hemos dejado atrapar en la vorágine de tener, ganar, conservar y guardar. Y gastar, ergo consumir.

Pues el capitalismo hará lo que sea necesario para mantener los sistemas constantes e invariables. Y los gobiernos, incapaces ya de separar sus acciones de ése modelo (inmersos en la esencia del mismo), seguirán fielmente las directrices que el mercado dicte. A tal extremo de desvergüenza llegan que presentan recortes, jubilaciones más prolongadas, pensiones a la baja, salarios congelados, convenios de mínimos… como “necesario” para “salir de la crisis” mientras los bancos, insisto, presentan números negros abultados.

Además avisan: el sistema de pensiones debe reformarse (recortar) o puede desaparecer. ¡Y dicen que es para mantener el “estado del bienestar”!

Asombroso.

Todas las grandes “democracias”, las de los países mas ricos y poderosos, están basadas en sistemas duales. Dos grandes opciones, un ligero balanceo cada ciertos periodos, cambios alternantes entre ellos sin sobresaltos, suavemente… y un marco rígido del que no podemos salirnos.

Y las diferencias son solo formales.

Es el modelo.

Me pedía mi amigo que votara otras opciones que no fueran PSOE o PP y yo le preguntaré:

-¿De verdad piensas que si logramos colocar otras dos siglas diferentes no será solo un cambio nominal?

-¿Crees que el sistema, el modelo, permitirá cambios bruscos que subviertan ése mismo modelo?

-¿Crees que un partido, cualquiera, que pretenda cambios sociales profundos, formas de socialización sinceras y protección general de los más débiles puede triunfar sabiendo, como sabemos, que el primer paso debería ser desposeer al núcleo duro, a los bancos, de su poder económico? ¿Quién está dispuesto a hacer eso?

-¿Crees que un partido que ponga en su programa, por ejemplo: “nosotros vamos a terminar con el hambre en el mundo” (que ya me gustaría a mi) tiene opciones reales, si es que hubiera alguno que lo hiciera, frente al aparato del modelo?

-¿Sabes lo que significaría “terminar con el hambre en el mundo” y quién debería dejar de obtener beneficios, ganancias, acumulación de riquezas y privilegios para que millones de desgraciados comieran cada día, estudiaran y gozaran de buena salud?

Sinceramente, amigo mío, no podrás convencerme de que cambie los nombres sin remover el modelo. Es imposible.

Hoy se llaman PSOE y PP. Si triunfáis, quizás sean IU y CIU, o PNV y PSA, o…

Todos, aunque nos revuelvan las tripas, estarán marcados por el modelo y con escaso o nulo margen de maniobras. Y si el modelo es esencialmente perverso, injusto, terrible y salvaje, pedirme que colabore en mantenerlo, activamente, me resulta inasumible.

Decían en tiempos que por no votar no tenías derecho a reclamar.

Veamos: yo pago mis impuestos igual que un votante, sigo las mismas normas de circulación, voy a la misma Seguridad Social, hago la misma declaración de Hacienda, me pegan los mismos palos en las manifestaciones, me despiden de los trabajos como a ellos, cobro el mismo paro o ninguno…

Tengo todas las obligaciones de un votante pero un derecho menos.

Lo hago todo como un votante pero yo no puedo reclamar.

El votante si.

¿De veras? ¿Y dónde y a quién reclama? ¿Qué reclama? ¿Incumplimiento de programa electoral? Si entras en el juego, deberá asumir que puedes ganar o que puedes perder. Si ganas, bueno para ti. Si pierdes… es el juego y a esperar la próxima consulta.

No, amigo, no. Yo no pienso colaborar con el despropósito aunque sea de manera testimonial, personal y sabiendo que la mejor forma de echarlos es no contribuir con su modelo, no colaborar activamente a mantener la farsa.

Demasiado atrapado me tienen, por la fuerza, para premiarles en SU modelo, el que les va bien a ellos.

Gracias, amigo, por tu interés, pero mi caso está perdido para siempre. Quisiera que tuvierais éxito si con ello lográis mejorar la sociedad. De veras.

Como diríamos tú y yo en otro contexto… “hasta la muerte”… yo no voto

Cuídate.

2 comentarios:

Ravesen dijo...

Difícilmente se puede explicar mejor.

Yo también era de los que decía que, si no votas, no puedes reclamar, pero ya hace tiempo que mi pensamiento varió hacia justo lo que comentas en el post.

Como bien dices, el problema está en el modelo, no en las siglas. No es tan complicado de entender. La ciudadanía reclama unos servicios por los que paga unos impuestos. Los gobiernos prometen esos servicios, que para eso les votan. Buena parte de esos servicios cuestan muchísimo más que los impuestos que se recaudan (una autovía que cruce el país de punta a cabo, un sistema ferroviario de alta velocidad...) Los estados se tienen que endeudar de la misma forma que se endeuda una familia con una hipoteca. Son los bancos los que prestan ese dinero. Y, con el tiempo, son esos bancos (y los multimillonarios en general) los que obtienen el mayor poder que existe: el de mantener a flote a los estados.

Los estados van subastando deuda paulatinamente porque es imprescindible para mantener los servicios prometidos a la ciudadanía, y también para devolver la deuda (y los intereses) pedida anteriormente. Se endeudan para pagar deudas. Eso tiene que estallar en algún momento. Y surgen las crisis.

Pero es que esas crisis no la pueden pagar los banqueros porque son los que tienen el dinero que necesitan los estados para seguir prestando los servicios, y también para aplicar las medidas y las ayudas necesarias para mantener a la población y superar dicha crisis.

Los gobiernos pueden tener la responsabilidad de gestionar mejor o peor unos recursos, pero la gran culpa de lo que ocurre es del sistema.

Como bien dices.

Un saludo.

Jose Manuel Ariza dijo...

Saludos.

Gracias pero podría darte un montón de enlaces con explicaciones muchísimo mejores que las mias.

En efecto, lo has tratado muy bien.

Había escrito un texto mucho más largo (cuatro capítulos), que luego intenté condensar porque, como decía al principio del Cap. I, no pretendo escribir un libro.

He dejado en el tintero otras cuestiones importantísimas, tales que:

-La supuesta imparcialidad de los jueces... cuando el Tribunal Supremo está dividido en conservadors y progresistas. Quiere ello decir que según la tendencia que domine, saldrán unas u otras leyes.

-Hay un colectivo muy numeroso que no puede sindicarse (Guardia Civil).

-Dependiendo de quién gobierne, la Educación se impartirá de una manera (con determinados contenidos) u otra.

-El supuesto Estado laico sigue pagando inmensas cifras, de los dineros públicos, a la religión mayoritaria.

-La sanidad (medicinas), sigue siendo un negocio inmenso en manos privadas.

-La alimentación, fundamental, en manos de los mercados.

-Esos servicios a que te refieres varían en función de quién gobierne, de qué región se beneficia, del partido local...

-Y así, docenas de agujeros negros.

Me preguntaba un amigo esta mañana (al hilo de la discusión), que qué haría yo si fuera presidente.

Respuesta: Si me eligen presidente (en el mas que imposible caso de que optara a ello), dimitiría inmediatamente. O quizás no. Puede que aguantara unos añitos para consolidar la pensión de Ex-Presidente y aunque tuviera que lidiar con jetas tales que Rajoy, Zapatero, Pepiño, Cospedal, Rubalcaba, Lara, Mas...

Hubiera sido un sacrificio enorme, pero por una pensión así, haría el esfuerzo.

Gracias, amigo.

Cuídate.