Miércoles 19 de mayo, siete de la tarde y un servidor, junto a un ramillete de magníficos sevillistas, nos sentamos ante los micrófonos de Radio Estilo para enfrentarnos a un reto especial: realizar un programa de radio de larga duración, incluida la transmisión del encuentro final de Copa entre el Atlético de Madrid y el Sevilla FC.
Allí nos encontramos Joaquín Fortunati y Miguel Ángel Ibáñez –que harían la transmisión del partido-, Álvaro Ariza, Ana Garrido –con deberes del colegio pendientes- y el Papi Magase. Mas tarde se agregó el amigo Gionanni Gallo con acertadísimos comentarios.
Confieso que pasé unos días bastante agitado porque no sabía si decantarme por la ilusión de hacer el programa o por el miedo a enfrentarme a algo desconocido, algo muy largo y complicado.
Yo no tengo más experiencia radiofónica que la que me otorga ser colaborador en Familia Rojiblanca, los miércoles, donde hablamos de Historia del Sevilla. Pero cuando me ofrecí a realizar el programa en la obligada ausencia de Carlos Romero, Antonio Ramírez, Enrique Vidal, José Luis Herrera, Antonio Carrasco y Alejandro González-Serna –se iban a Barcelona a traerse la Copa-, no imaginaba que Carlos me tomaría la palabra al vuelo y además, me perpetrara la labor de alargar el horario normal –entre siete y ocho y media-, hasta la conclusión del encuentro.
Me entraron sudores.
Pero acepté el reto, inconsciente de mí.
Son muchos minutos de radio para un inexperto y durante días me devané los sesos intentando confeccionar un guión que no resultara un ladrillo para el oyente.
Seleccioné temas, los cambié, los volví a poner… busqué alguna música y le pedí a Álvaro que completara una serie de canciones y que se llevara el notebook para tener conexión a internet y poder leer los diarios; al Papi que estuviera al tanto de las novedades de las plantillas y Joaquín y Miguel Ángel quienes además de la transmisión, colaboraron desde el minuto uno en arroparme.
Y llegó el día.
Estaba nervioso, muy nervioso. Sin embargo, a los pocos minutos ya todo se deslizó con cierta “normalidad”.
Había tiempo hasta el partido, teníamos música, publicidad, temas…
Y teníamos a Jesús Mancha en los controles. Chapó amigo. Gracias porque estuviste pendiente de nosotros todo el momento, nos ayudaste y te dimos la tabarra sin misericordia.
Gracias, Jesús.
Pero no todo sale como se tiene planificado y la estructura del guión tuvo, necesariamente, que modelarse sobre la marcha.
Analizamos el partido de Almería, la importancia de entrar en Champions, la cantera, las posibles alineaciones de Álvarez…
Quizás hablamos demasiado. Pero como esto es radio, no quedó, pienso, tan mal.
Llega el partido y el protagonismo lo adquieren Joaquín y Miguel Ángel, los narradores al alimón del evento: Joaquín toma la palabra cuando el balón lo tiene el Sevilla y Miguel Ángel se queda con el Atlético.
Son buenos estos dos.
Cuatro minutos y GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOLAAAAZO de Capel.
El estudio saltó literalmente por lo aires.
Y vimos a un Sevilla con oficio, manejando bien los tiempos y con ventaja en el marcador desde el principio.
Aunque le duela a reportero de Marca, el GRANDE era el Sevilla.
Descanso, publicidad –unos bocatitas y mucha agua porque hacía bastante calor- y algunos comentarios analizando lo visto.
Segundo tiempo, el Sevilla sigue controlando bien y segundo GOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOLAAZO de Navas y la Copa, la quinta Copa, para Nervión.
Nuevos comentarios eufóricos mientras vemos la entrega del trofeo.
Quiero hacer mi pequeño gran homenaje a los miles, a los más de treinta y cinco mil sevillistas que se fueron a Barcelona y nos trajeron la Copa.
También a Alejandro, Antonio, Agustín, José Luis, Juan Luis, Eduardo, Sergio, Manuel… quienes con sus llamadas de teléfono nos alentaron en todo momento. Gracias.
Pero sobre todo, le envío un abrazo enorme a Carlos Romero porque quizás porque le remordiera un poco la conciencia por dejarme un toro tan grande, nos llamó repetidamente desde allí para imbuirnos del ambiente, de las novedades y de la grandeza de nuestra AFICIÓN.
Gracias, Carlos, por ponerme los dientes tan larguísimo tantas veces durante toda la tarde noche.
Y gracias por volver con el trofeo.
Cuidaros.

