martes, 15 de diciembre de 2009
LOS GUIÑOS DE DEL NIDO
domingo, 13 de diciembre de 2009
AMINETU

Saludos.
Hay una determinación en ésa mirada que intimida. O enamora. Es el brillo de las conciencias fuertes, la profundidad del infinito, el valor de lo posible.
Aminetu Haidar es saharaui. Aminetu es española. Y Aminetu somos todos.
¿Cómo era aquello de los que luchan toda la vida? Pues las vidas pueden ser muy cortas y hay quien está dispuesta a vivirla.
Días de hipocresía los que vivimos los hipócritas todos. Días de soportar barbaridades de los bárbaros que nos gobiernan, los que nos deciden las vidas, los que nos ordenan los pensamientos.
Días de vergüenzas propias y ajenas, de chantajes emocionales y de falacias sin límite.
Aminatu es una luchadora. Es rebelde y está dispuesta a morir por ello. Y eso no cabe en las cabezas de los pusilánimes que rigen nuestros universos. Y tal les dá porque siempre ganan. Los a favor y los en contra. Los otros y los unos, todos los mismos.
Falsos.
Hay una conciencia subyacente, mala conciencia con los hermanos saharauis, que nos ruboriza y nos obliga a mirar para otro lado. Somos los grandes traidores y lo sabemos porque somos los vendedores de baratijas, cicateros, regateadores y perversos.
Y nadie piensa en ellos, en los hijos y hermanos arrojados a la basura para beneficio del sátrapa, el ladino. Otro sátrapa. El mismo que nos frena los radicalismos de la parte estrecha y al que hay que consentir todos los caprichos. El mismo que no conoce la palabra escrúpulo.
Como nosotros.
Miseria mental colectiva que no lava el fuego.
Hoy me inclino ante tí, Aminetu, porque luchar contra tan grandes enemigos solo puede costarte la vida.
Aún así, cuídate, por favor.
sábado, 12 de diciembre de 2009
LA PRECISION

Saludos.
Lean lo que publica hoy Columnas Blancas, artículo de Don Carlos Romero, sobre lo que deberíamos tener presente para definir los símbolos del Sevilla FC.
Convendría, para que la rigurosidad se manifestara en los actos del Club, que no se adoptaran decisiones sin tener todas las opciones disponibles o, en el peor de los casos, la mayor cantidad posible de ellas.
Don Carlos solo muestra ahí parte de lo que conoce sobre simbología sevillista, parte de su amplísimo y extenso fondo documental de la Historia del Sevilla FC.
Y como Don Carlos, otros varios palanganas, aunando esfuerzos, coordinados y disciplinados, hurgan en la historia con un trabajo discreto, contínuo, incesante y difícil, para mostrar las verdaderas crónicas de un Club con más de 119 años de existencia.
Un trabajo colosal el de ésos amigos.
Un trabajo anónimo y monumental y solo por amor a unos colores y a unos símbolos.
Y todo ése esfuerzo, toda ésa documentación, están a disposición de cualquier sevillista que lo pida. Incluso del Consejo de Administración del Club.
Otra vez, Don Carlos, debo felicitarte por tu trabajo.
Gracias, amigo.
Cuidaros.
viernes, 11 de diciembre de 2009
jueves, 10 de diciembre de 2009
REFLEXIONES SOBRE FUTBOL -1-
Saludos.
Desde que el deporte fútbol se constituyera en objeto de tensión y pasión para los espectadores, es decir, desde su inicio y mucho antes de que la práctica generalizada acentuara la formación crítica del que mira –porque conociendo las reglas, los esfuerzos y las dificultades, te dotas de mayor capacidad de juzgar-, la función espectáculo tuvo la virtud de llenar de fervientes seguidores los campos, estadios y recintos de todo tipo y tamaño.
El fútbol genera, pues, una atracción estética indudable porque, y sin que su o sus creadores lo pretendieran especialmente, había mucho de lucha ancestral en su esencia. El refinamiento social, sin embargo, lo dota de condicionantes artísticos que lo convierten en sucedáneo hermoso de las guerras tribales. No hay sangre, generalmente, pero los triunfos de la batalla son equivalentes.
La condición de amateurismo termina pronto ya que los afanes por imponerse a los contrarios exigen que los gladiadores sean expertos, hábiles, rápidos y fiables. Y el dinero permite incorporar los elementos que, teóricamente, te garanticen los mejores resultados o incrementen sensiblemente las posibilidades de vencer.
Las reglas del fútbol son idénticas para todos. Sin embargo, cada conjunto las interpreta en función de sus capacidades, su formación, su escuela y las estrategias que designen los que dirigen ésos equipos.
Los elementos que se incorporan proceden de dos fuentes: la propia, la cantera, donde se instalan desde niños y son formados física y mentalmente como integrantes absolutos e identificados con los colores, y la externa, de donde se extraen aquellos que suplen las carencias de las fuentes propias o mejoran sustancialmente ésa escasez de recursos.
Organizados, pues, al estilo militar –recordemos que estamos trasladando los impulsos ancestrales a un campo de juego-, se designa a una persona, supuestamente experta en estrategias –carnet de entrenador conseguido, suponemos, superando estudios y pruebas suficientes-, para que organice éste ejército.
Debe organizarlo, ciertamente, en todas sus facetas, en todas las que conciernen a la estructura del equipo: desde los chiquitos de la cantera hasta los profesionales expertos del primer conjunto. El general/entrenador de éste ejército debe proyectar sus campañas de dos formas:
La inmediata, la que esté en curso y sobre la que se le exigirán los mejores resultados y la futura, planificando, extrayendo nuevos valores, descartando otros…
Todo entrenador medianamente bien formado seguirá las mismas pautas. No obstante es un cargo temporal, muy condicionado por los resultados e infinitamente más corto, generalmente, que los de los jugadores.
También, cuando ésos resultados no acompañan, es más económico para el Club cambiar de entrenador que despedir a varios jugadores. A veces, también es visible el malestar de los jugadores con el modelo, o las formas, del entrenador y ello se trasluce en la actitud en el campo.
Serían como los generales que se destituían por perder batallas y solo en casos extremos –cobardía ante el enemigo- se diezmaba a la tropa.
La pasión por el fútbol tiene mucho de ancestral en sus formas y en su fondo, como señalaba al principio. Han cambiado las maneras externas, pero los sentimientos de los seguidores siguen siendo tan viscerales como lo fueran en otros tiempos y dirigidos hacia el “enemigo”. Antes se conseguían botines saqueando las ciudades de los vencidos y hoy se atesoran méritos, trofeos y dinero. El dinero que permitirá fortalecer las estructuras y adquirir nuevos valores de más calidad y por tanto, más caros.
Pretendemos ganar siempre y de las formas que sean. Y en ésas formas, se incluyen la injusticia, la trampa, el dolor, el daño y el ridículo. Todo es bueno para humillar al otro y como sentencia el dicho popular “en el amor y en la guerra, todo vale”. Todo vale para derrotar a los ejércitos invasores. O para invadirlos en sus feudos.
Y como son sentimientos tan parciales y subjetivos, perdonaremos todas nuestras faltas y reclamaremos, por el contrario y de la manera más estruendosa, cualquier desliz del otro. Nuestros filtros propios, para nosotros mismos, son amplios y estrechos, muy estrechos, para los demás.
La situación puede llegar al delirio si la victoria se ejerce sobre un contrario cercano, de la misma ciudad. En Sevilla, la pasión entre los dos clubes –hay muchos más ejemplos por el mundo-, es ancestral, profunda e irreconciliable. Llega al extremo de tener que ser “anti” el otro como requisito fundamental para ejercer de buen “pro”. Porque decir “yo no soy anti…” parece un poco forzado, casi increíble.
Ésa pasión solo admite un color y el otro debe, si fuese posible, desaparecer. Llega al extremo de falsificar las historias, los méritos y las consecuciones del otro para “apoyar” la propia. Especialmente si uno de los dos es más importante, más grande o alberga mejores crónicas cuando el menos destacado pretende, a falta de logros propios, minimizar, ridiculizar o minusvalorar los del otro.
Por extensión, nos declaramos contra el resto de equipos que conforman la Liga. Hay, sin embargo, unos que nos caen mejor y otros a los que no podemos ni ver.
Es curioso que sin tener estadísticas fiables, suelo detectar más sevillistas que rechazan todo lo relacionado con los equipos de Madrid y, por el contrario, aceptan de buen grado las victorias de los de Barcelona.
Y entre los aficionados béticos el caso es inverso pues siempre he encontrado más seguidores del Madrid como segunda opción.
También la cercanía a la ciudad origen puede ser determinante. En Andalucía, las relaciones entre aficionados de todos los clubes suelen ser malas y no sirve que pongamos siempre como ejemplo la demostrada solidaridad de los equipos vascos.
Hay aficiones “hermanadas” –porque históricamente las relaciones han sido superiores a lo meramente deportivo- y otras que se “odian” total y definitivamente. Y los ejemplos valen en casi todas las ciudades y comunidades con dos o más equipos de la máxima categoría.
Pero los equipos, los ejércitos, se organizan siempre –con variantes, lógicamente-, de manera que observamos tres líneas bien definidas:
La defensiva, que debe garantizar que el contrario no marque.
La creativa y de contención.
La realizadora.
Cuidaros.
POR SAN TELMO
Leyendo un día a Enrique -Ayerhoysevillista.blogspot.com-, me dí de cabezazos por haber sido tan torpe de, en todos mis viajes -que son muchos-, no haber pensado nunca en buscar cosas del Sevilla en anticuarios y mercadillos, como hace él.
Aquel hallazgo de Lisboa me inspiró una envidia -sana, digan lo que digan sobre ésa cualidad- que me propuse reparar lo antes posible.
Éstos días pasados estuve pateando -eufemismo para denominar un viaje de turismo- por Argentina. Y como ya iba enganchado a la idea de que allí podría encontrar cosas sobre el Equipo que no teníamos por aquí, me reservé un día para acudir al barrio de San Telmo.
San Telmo es de los más antiguos de Buenos Aires y aún conserva un cierto aire de ciudad española. Los grandes edificios, los bloques mastodónticos, aún no han acampado por la zona y las casas apenas suben dos o tres pisos. Tiene, curiosidad, la casa más estrecha de Buenos Aires -apenas dos metros de fachada-; una iglesia danesa; uno de los bares más antiguos de la ciudad...
Pero San Telmo es también el barrio de los anticuarios. No hay una calle que no tenga, por lo menos, uno. En algunas, tres o cuatro.
Hay, además, un mercado -el tradicional mercado-, que está ocupado por tiendas de antiguo en más de la mitad. Una sucesión inacabable de coleccionistas de todo tipo de objetos: Desde muñecas de china a armas de fuego; desde libros a lámparas; desde posters de películas a postales; cámaras fotográficas o monedas...
Y prensa antigua. Periódicos y revistas.
Como en casi toda Argentina, el dios Maradona ocupa el ochenta por ciento de las portadas de lo expuesto. Maradona de niño, de adolescente, de joven, de adulto... Nunca delgado y casi siempre con mucho pelo -a lo afro-. Hay, incluso, alguna foto vistiendo nuestra equipación, fotos que ya se publicaron aquí.
Y yo hurgando en todos los montones, preguntando a todo el mundo, indagando y rebuscando... nada. Nada del Sevilla.
Un anticuario llamado Willy -Antiguo Mercado de San Telmo, local 139/140, Estados Unidos 460, Buenos Aires-, sin embargo, me redirige a Fabio Capeletti -otro anticuario-, especializado en fútbol. Me da los teléfonos porque anda enfermo y tiene cerrada la tienda.
Y mi mala suerte continúa porque Fabio, bastante mal, no tiene intención de abrirla en breve; que si puedo esperar unos días; que quizás tenga algo...
-El Sevilla hizo un par de giras por Suramérica en la década de los sesenta ¿tendrías algo? -pregunto-.
-Puede que algo haya de Tucumán, pero será escaso o muy poco -responde-.
Y mis esperanzas se esfuman porque no hay certeza ni tengo el tiempo necesario.
No tengo el tiempo necesario.
Saliendo del mercado, mohíno y apesadumbrado, descubro nuestro escudo entre un montón de cajitas de cerillas.

Y por detrás, la jornada de Liga.

Corresponde al año en que se despidió a Miguel Muñoz y entró Manolo Cardo, en diciembre del 81.
El partido que figura en casa del Valladolid, lo perdimos 4-2 aunque al final acabamos séptimos y jugamos la UEFA.
Y eso es todo mi botín, aunque seguiré buscando allá donde vaya porque lo de Enrique me dolió mucho y algún día le devolveré la moneda.
Por cierto, los cerillos funcionan bien.
Cuidaros.
miércoles, 9 de diciembre de 2009
DE REGRESO
He vuelto de mis vacaciones y a pesar de habérmelo pasado como un enano, traigo dos penas en mis entretelas:
Dos empates y la constancia de que el mundo es como es.
En primer lugar, otra vez, la falta de motivación nos juega malas pasadas. Equipos como esos no pueden, no deben, sacarnos dos puntos así como así. Es cierto que quizás me precipito en mis conclusiones porque no pude ver los partidos -no alcanzamos apenas a España o a Europa, no queramos pensar que nos ven en Suramérica-, aunque he podido leer que entre la mala suerte, los árbitros y la motivación que decía, lo cierto es que vuelan cuatro puntos vitales. Vitales en una Liga donde cada guarismo es importantísimo, donde solo hay una manera de socavar a los monstruos, de hacerles sombra.
Málaga y Valladolid, equipos menores, nos producen una hemorragia que veremos de qué forma podremos frenar.
Y nos bajan a la cuarta plaza.
También es cierto que aún seguimos a la estela de los gigantes, pero si seguimos cojeando en terreno llano, se nos van a aparecer todos los fantasmas del castillo. Y otra vez el run run.
Lo he dicho tropecientas cincuenta mil veces: los equipos pequeños son los que llenan el saco de puntos. Los equipos pequeños -aunque parezca perverso-, están ahí para alimentar a los peces gordos y son ellos los que al final, en la suma total, te colocan arriba o abajo.
No hay otra opción.
Salir motivados contra Barça o Madrí es obligado porque son nuestros rivales directos. Pero son cuatro partidos y son, con el mayor número de probabilidades, los que podremos perder sin remordimientos -aunque uno ya haya pasado por la piedra-.
Pero no salir motivados, creídos en nuestra superioridad contra los chicos, es cuasi un delito.
Insisto en que no ví los partidos y puede que esté diciendo tonterías. Pero siempre me pareció igual y siempre diré lo mismo: hay que sangrar a los enanos. A muerte.
Mi otra pena es que como en España, somos invisbles en Suramérica. Las cadenas de deportes, apartado fútbol europeo... ¿imagináis a quién dedican la mayor parte del tiempo? Pues si, a ésos.
Apenas unas líneas, unas imágenes -pocas- del resto y punto. Del Sevilla, igual.
He hablado con muchos argentinos de fútbol porque yo he provocado las conversaciones y la mayoría -Boca o River-, apenas tienen noticias de nosotros. Saliendo de los Messi -del Barça- o Iguaín -del Madrí-, muy poco más.
De hecho, llevaba mi pin del Sevilla bien colocado, bien visible y lo mostré repetidamente. Nadie supo decirme de qué equipo era.
Más aún, les decía que tenemos a Perotti, al Laucha Acosta, a Duscher, a Fazio... ni idea. Quizás Perotti porque ha jugado en la Selección. Muy poco más.
Solo un tipo, amable y encantador como casi todos, tenía idea y porque era fanático seguidor del Colon -equipo similar al Sevilla y que tiene que luchar el doble contra los dos gigantes de Buenos Aires-, sabía con aproximación quiénes éramos. Lo cierto es que procedía de una familia de generaciones de seguidores de ése Equipo -jugadores y constructores del estadio-.
En la parte brasilera, todos conocen a Fabiano y de pasada, al Equipo donde juega. Renato y Adriano... ni mú.
Pero es así y no podemos cambiarlo.
Y si así no vá bien, quiero que sigamos siendo invisibles para el resto del mundo cuanto más tiempo, mejor. Pero no puedes evitar que sientas molestias de ver que lo único que se exporta de España sean los dos de siempre y a pesar de que andemos por encima de ellos en muchos aspectos.
Vuelvo, por tanto, a la normalidad -cuando termine de superar los desfaces del ritmo circadiano- y volveré a invitaros a leerme con la generosidad que os caracteriza.
Cuidaros.

