sábado, 22 de septiembre de 2012

LA PAZ DEL CEMENTERIO

 

Saludos.

Esa es una afirmación aventurada. No sabemos si en los cementerios hay paz o hay guerra, si todo transcurre por cauces civilizados (al modo vivo) o si se están tirando de los sudarios todo el tiempo, si se arrojan huesos a las cabezas o si el silencio mortal no les deja dormir. No lo sabemos y nos arriesgamos a que un día nos saquen de nuestro error de mala manera, infarto de por medio, y que reclamen su derecho a vivir su mortalidad como quieran, sin intervenciones extrañas, de otros mundos.

Los muertos, cuando se aparecen a los vivos, suelen darles sustos de muerte, como no podría ser de otra forma porque ¿alguien conoce los sustos de vida salvando… una buena quiniela?

Consejo: si te llevas un susto de vida al estilo descrito anteriormente, no olvides quemar las naves antes de partir porque los ricos de los cementerios están muy mal visto de este lado. Hay quien les llama gilipollas y no reciben la respuesta adecuada, necesariamente y que sepamos. Valientes ellos porque, además, se colocan en las últimas filas de los velorios para poder poner a parir al finado y contar chistes (que es donde, sangrantemente, se cuentan los mejores).

A pesar de ello y en siendo los muertos residuos de humanos vivos, yo no apuesto por la paz del cementerio porque la única diferencia entre ambos estados es, curiosamente, el volumen de las gargantas, las armas disponibles y la movilidad: no es lo mismo desplazar seis legiones de vivos a pie o aerotransportadas, que las mismas de incorpóreos. No puede ser igual y en lucha contra ellos, nos pillan preparando el petate, dos segundos después de que el jefe de nuestro alto estado mayor conjunto tenga la feliz idea de conquistar cementerios. ¡Todo por una medallita de latón con hojas de roble entrelazadas! Si fueran de maría igual si, pero ¿de roble? Horribilis.

¿Cómo y de qué forma “mueren” los muertos? (Retruécano para tratar de hacer notar que no podemos decir “viven” los muertos ya que, como pretende el autor de éste post, no tenemos pajolera idea de las circunstancias sociales, políticas y existenciales dentro del fenecido colectivo).

Vamos a concederles (que nosotros somos muy concededores), la posibilidad de que exista una existencia paralela, habida cuenta de que no tenemos constancia documental que nos avale. En todo caso, lo dejamos a criterio de las creencias del lector.

Primero destaquemos que estar “tumbado” (como abusamos algunos más tiempo del necesario, en muchos casos, y cuando deberíamos estar haciendo algo más productivo por la patria), proviene de estar como un muerto en la tumba: horizontal, callado y serio. Si hablas (por ejemplo practicando el sofing y mirando un partidazo del Sevilla F.C. en la pantalla), solo estás reclinado en decúbito supino (que es la forma fisna de designar a los moradores del mueble soporte blando y confortable, generalmente orientado hacia ésa pantalla y que conserva una perfecta definición física en negativo de nuestros traseros o posaderas, espaldas y un desgastado reborde de la nuca lleno de pelos). Las patas, aproximadamente a la altura de las pantorrillas, descansan en el departamento cojín sobre la mesita baja, la que te despelleja las espinillas regularmente porque los mileuristas adictos al VPO por exigencias del guión, no optamos a espacios mayores aunque queramos y habremos, por tanto, de exponer tibia, peroné  y revestimiento externo al acoso constante y doloroso de un reborde de madera compacta, agresiva e hiriente. Hasta el aglomerado tiene sus cualidades belicosas.

Espero que esto no les quite el sueño y que decidan dormir sentados en lo sucesivo. Mejor no me lean y se evitarán segundas opiniones. Además, los cuellos, sentados, sufren una barbaridad.

¡Y qué podemos decir si optamos por la cremación?

Pues que todo mi discurso se derrumba porque para hablar de muertos debemos tener presente el espacio físico (cementerio), los alojamientos (tumbas, nichos y mausoleos) y la imaginación de pensar que allí hay miles de residuos que, creamos más o menos, tienen una existencia posterior.

¿Se imaginan una relación buena o mala entre cenizas? Como que no, ¿verdad? Impensable.

Los muertos deben cumplir con todos sus requisitos o no serán nada, no constarán y no merecerán siquiera un “con lo bueno que era” (aunque mintamos). Deben tener un mármol en el que figure su nombre, año de nacimiento y muerte, familia y mensaje recordatorio. Perfectamente encajado en traje de pino, manos cruzadas al pecho y textil envolvente. Todo muy serio aunque haya quienes, en otras latitudes, se monten unos saraos de cánticos espectaculares. Raros lo hay en todas partes.

O te mueres como dios manda o no merece la pena.

Si decimos (con perdón) “descanse en paz” y visto lo visto, deberíamos acortar el mensaje con un “descanse” a secas. Lo demás son presunciones difíciles de asumir.

Recapitulemos: la paz del cementerio es ilusoria a falta de documentos posteriores; los muertos no tienen que tener, obligatoriamente, otras ocupaciones que las interrelaciones sepulturales propias; los muertos son, en el peor de los casos, los mejores vecinos posibles dada su discreción proverbial, óptima para la ajetreada vida de los que aún no han cambiado de estatus.

'¡Vivan los muertos!

Cuidaros hasta ése momento. Luego será tarde.

 

P.D. Pido perdón, desde ya, si éste poste hiere a alguien. Consideren que si no nos reímos de las cosas importantes y profundas, todo lo demás huelga. Tengan también en cuenta que practico el noble arte de reírme de mí mismo alrededor de 24 horas cada día y eso me consuela y me reivindica como el gran payaso que soy. Gracias.

3 comentarios:

A. Ramírez dijo...

Home, nadie lo diría de un tipo tan serio...se murió de risa, que diría don Antonio el de Campos de Castilla. Es evidente que no podemos creer ni en la soledad de los sepulcros, con una manita de cal o sin ella, pero no me negará que la aparente paz social de esos lugares contrasta con las guerras intestinas de la reunión de vecinos del bloque del otro lado de la tapia. Descansen en paz, unos y otros, pero dígale al cabrón del quinto que le diga a su señora que se quite los tacones a partir de las doce de la noche que aunque a el le ponga como una moto esos juegos amorosos los demás tenemos que dormir.
Lo dicho, el muerto al hoyo y el que no tenga colesterol al bollo con manteca colorá. Y azuquita por lo alto.
Cuídese.

EL PAPI MAGASE dijo...

Hermano si no te importa voy a dejar aqui en esta entrada y en esta tu casa un pequeño deseo para cuando me toque ese dia de irme a dios sabe donde,una especie de última voluntad o testamento,en primer lugar me gustaria que me incineraran y los restos lo esparcieran una parte en el barrio de las viña en Cádiz y otra parte de esas cenizas en el Ramón Sanchez Pizjuán,como el que no quiere la cosa y al mas puro estilo de la pelicula la gran evasión,cenizas al bolsillo de unos cuantos de amigos y disimuladamente soltarla en los lugares citados,para no llamar mucho la atención,pero si mis mas allegados deciden enterrarme dentro de una caja de maera,que sea una de esas cajas de la maera mas barata que halla,que sea de una madera tierna y facil de romper y dentro que me echen un martillo,un cincel y una linterna,por si las moscas el diagnóstico del médico no ha sido todo lo acertado que tendria que haber sido y vuelvo en si,he aprovechado tu entrada y asi me he ahorrado lo que cuesta un notario para hacer mis últimas voluntades,por cierto espero ansioso que sigas hablandonos de seres especiales del mas alla en un futuro,es un tema para mi muy,muy interesante,un abrazo hermano.

Otra cosa mas antes de terminar este pesado comentario ¿hay algo mas sano que reirte de tu propia sombra 24 horas al dia? yo creo que no.

Blogger dijo...

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