sábado, 26 de marzo de 2011

DE VIRUS EN PANTUFLAS

 

Saludos.

Desde hace algún tiempo es frecuente que cuando acudes al doctor porque te encuentras enfermo, con síntomas de resfriado/gripe/catarro o todos juntos, el galeno, tras los análisis pertinentes (la famosísima “analítica” que tanta expectación nos produce aunque seamos incapaces de descifrar los porcentajes, valores medios, máximos y mínimos…), diagnostique que: “tienes un virus”.

Sin nombre, desconocido, sin apellido.

En realidad debe tratarse de una variedad de bicho poco estudiada, mutante, aún pendiente de catalogar pero que nos satisface con fatalidad resultante. Le preguntamos al amigo y responde:

-Tengo un virus.

-¿Qué virus? –pretendes descubrir porque te sabes las características de uno o dos y esperas ansioso que coincida con alguno de ellos para poder aconsejarle remedios muy eficaces. Empíricamente definitivos.

-Un virus –insiste.

Y te quedas con las ganas de ejercer porque el miedo te atenaza y ante la masiva ingesta de antibióticos prescritos, nada puedes hacer. No te valen los remedios caseros ni la mitad de aquel tratamiento (que guardas a la espera de su oportuna caducidad) y que tan bien te fue a ti.

Existe otro organismo capaz de albergar virus y que cada día supera cuotas de popularidad: internet. No navegar por internet hoy es sinónimo de incultura y analfabetismo. También es un riesgo cierto porque puedes verte atacado de los bichitos.

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Internet tiene, como todo organismo vivo, la capacidad de ser afectado de elementos extraños, dañinos y a veces, mortalmente destructores. Hace ya algún tiempo que no escuchamos noticias de portada sobre hackers o sobre creadores de virus mundiales que desestabilizan los pentágonos. O bien andan siendo ocultados (no conviene que se sepa que somos vulnerables), o bien han sido abducidos (fichados) por el propio sistema para reforzarse a sí mismo.

Pero los antivirus también progresan porque se nutren, desde hace tiempo, de corregir los defectos del sistema.

Y una solución más doméstica, más asequible y sencilla: deja que participen, entren y vean cualquier sitio y dales alguna garantía de ocultismo (ilusos), que se sientan plenos de poder hacer y decir lo que quieran y nadie pueda reprocharles nada.

Son los hackers light, los virus en pantuflas: los anónimos.

Grandísimo descubrimiento para elementos poco formados, escasos de valores éticos y capacidad de análisis, han descubierto un mundo de participación unidireccional que los realiza en sus menguados límites.

Si tienes un blog donde viertes tus ideas, tus deseos, tus sentimientos o escribes solo para pasarte un buen rato, es inevitable que a alguien no le guste.

Los “normales” (pongamos todas las comillas que queramos), leemos, no nos gusta y nos vamos. Llegado el caso, no volvemos a entrar allí nunca.

Los otros “normales” se sienten empujados a participar porque dejar huella, aunque sea repelente, se les antoja un reto insuperable. No les alcanza que “dejar huella” sin etiqueta es un disparo al aire aunque se sientan realizados, aunque esos egos de bajo nivel se inflen hasta los cortos límites de un globo de niño.

“Le dije…”, “le solté…”, “le di…”, “se va a enterar este…”

Después de la gesta secreta, del aplauso propio en la soledad del teclado, un eruptito de satisfacción y a por otro incauto. “Hoy estoy lanzado/a y no le paso ni una a nadie”.

Un buen día, un virus en pantuflas puede inocularse en muchos organismos. Tanto que hay verdaderos expertos/as en ello. Su vida gira en torno a pretender pegarle patadas en las espinillas al primero que se lea, al segundo y a un puñado más.

Ponga un anónimo diario en su vida y se ahorrará muchos euros en psicólogos.

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Es la cobardía elevada a función vital. Es el camuflaje perfecto para indefinidos. Es la mayoría de edad y presentación en sociedad del modelo triste y vulgar (a mucha honra), tan magníficamente potenciado desde los sectores que mueven el cedazo social y para limar las individualidades molestas.

Hágase anónimo e ingrese en la amplísima zona gris.

Denos argumentos para llenar otra página.

Sigan viniendo por aquí, léanme, déjenme sus profundos pensamientos y yo, dentro de mis limitaciones, no los publicaré, pero los usaré para escribir un rato y decirles, sin ocultar mi nombre, dos cositas:

-Gracias por visitarme y leerme porque para poder dejar un anónimo deberéis tragaros mis letras (con un almax o un comentario “leñero” os quedará perfecto).

-Gracias por permitirme inspirarme en vosotros/as para darme el gustazo de largar a todo trapo.

Cuando queráis. Esto es lo mío y es mío (en todos los sentidos).

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Un placer.

No olvidéis cuidaros. Os necesito.

P.D. Como veréis, sigo en descenso y hacia peor.

6 comentarios:

AntonioHermi dijo...

Jose, no sé quien será el osado que lleva ese planteamiento a tus comentarios, pero sin dudas, como comentas,!se lo traga todo! desde el primer punto hasta la última coma.
¿Por algo será no?
Desde luego dejar comentarios fuera de lugar, en un blog tan ejemplar, debería ser un delito.
Pero ya sabemos los que tenemos blog, que el ocultismo es la principal arma de los incultos.

Saludos desde Amor Sevillista

Jose M. Ariza dijo...

Saludos, D. Antonio.

¿Osado/a? Mas que osadía, yo le llamaría lo contrario: cobardía.

Ésa es la clave, amigo mio, porque deben leerme todo.

No, por favor, no elevemos a la categoría de delito tener poco seso. Los necesitamos. La sociedad los necesita o sería otro mundo y habría que rehacerlo todo entero (¡un trabajazo!).

Muy bueno eso y con tu permiso (llegado el momento oportuno) lo usaré: ocultismo/incultismo.

Gracias, amigo.

Un abrazo y cuídate.

Nacho Mateos dijo...

Si yo te contase...
¿Pero sabes?, después de todo me dan pena, mucha pena.

Por cierto, ¿le he dicho alguna vez que es usted muy bueno y que es un auténtico placer leer todo lo que publica?.
Creo que sí, pero por si aún no se ha enterado: es usted la "releche".

Saludos.

Jose M. Ariza dijo...

Saludos, Nacho.

Es un placer inmenso que a usted le guste.

Gracias.

A mi también me dan pena aunque me ria de ellos, a mandíbula batiente, porque no se enteran que del primero que me desternillo es de mi mismo.

Un abrazo.

Rubén Márquez dijo...

Genial, maestro! Aquí le dejo mi saludo con nombre y apellido!

Un abrazo!

Jose Manuel Ariza dijo...

Saludos, D. Rubén.

Muchísimas gracias.

Un placer leerle por aquí, como siempre.

Cuídate.