miércoles, 22 de septiembre de 2010

LEYENDAS, MITOS Y CUENTOS

Saludos.

Hace algunos años, no muchos, que algunos sevillistas decidieron que había que frenar, de una vez por todas, una historia falseada, interesada y perversa sobre nuestro Club.

Ni todo es cierto, ni todo mentira porque las leyendas urbanas son, generalmente, deformaciones de un hecho real.

Se cuenta un experimento chino en que se sentaron en círculo doscientos ciudadanos de aquel país. El primero le contó una historia breve, leída y al oído, al de su lado. El de su lado al siguiente, el siguiente al de más allá y así hasta completar el círculo.

El primer chino, cuando escuchó lo que le contaba el último de la fila y lo comparó con el escrito, descubrió que ni remotamente se parecía a lo que había dicho al principio. Lo narrado había sido deformado, sin mala fe por supuesto, hasta convertirlo en algo absolutamente distinto.

La tradición oral fue importantísima en los siglos en que era el único soporte posible para transmitir la cultura. La misma Biblia, Antiguo Testamento, deja mucho que desear como elemento científico fiable y debe ampararse en la fidelidad o las ideas de los mismos creyentes para que pueda ser digerida.

Veamos qué dice la Wikipedia sobre la tradición oral:

“Se define como tradición oral a la forma de transmitir desde tiempos anteriores la cultura, la experiencia y las tradiciones de una sociedad a través de relatos, cantos, oraciones, leyendas, fábulas, conjuros, mitos, cuentos, etc. Se transmite de padres a hijos, de generación a generación, llegando hasta nuestros días, y tiene como función primordial la de conservar los conocimientos ancestrales a través de los tiempos. Dependiendo del contexto los relatos pueden ser antropomórficos, teogónicos, escatológicos, etc.

Desde épocas remotas en el que el hombre comenzó a comunicarse a través del habla, la oralidad ha sido fuente de trasmisión de conocimientos al ser el medio de comunicación más rápido, fácil y utilizado. Esta forma de transmisión suele distorsionar los hechos con el paso de los años, por lo que estos relatos sufren variaciones en las maneras de contarse, perdiendo a veces su sentido inicial.

La tradición oral ha sido fuente de gran información para el conocimiento de la historia y costumbres de gran valor frente a los que han defendido la historiografía como único método fiable de conocimiento de la Historia y de la vida.”

No es gratuito que la tradición oral deje muchísimas incógnitas en el mundo científico que vivimos donde personas formadas y cultivadas, no consentimos que algo que no es demostrable tome carta de naturaleza. Apelar a la tradición oral, hoy, es arriesgado.

“Mi abuelo me contó…”

Yo quería muchísimo a mi abuelo, lo admiraba y lo respetaba sin límites. Respeto, también y por principios, a todas las personas que han vivido más que yo porque son fuente de sabiduría y porque el mundo que les tocó vivir fue, sin dudas, muchísimo más duro y sobrevivieron. Y el mío no es fácil pero se puede sobrellevar mejor.

Sin embargo, cuando eres capaz de razonar por ti mismo, cuando eres adulto, cuando la edad te permite cuestionar cualquier cosa (por mucho cariño que le profesara a mi abuelo), no puedo menos que constatar que muchas de las cosas que me contaba y que de niño me dejaban impresionado, eran leyendas, mitos e historias para pequeños.

Hoy, la escasa cultura que he podido atesorar me permite, a mi vez, tener la capacidad de investigar los hechos por mí mismo, llegar a las fuentes y conocer de primera mano los sucesos que antaño me parecían fantásticos.

Y no lo son tanto.

Es cierto que la mayoría de los mitos y leyendas están basados en sucesos ocurridos realmente. Sin embargo, la parcialidad y la subjetividad del testigo permiten que se interprete en función de los deseos y expectativas que el hecho le sugiera.

Aquello que dijo haber presenciado mi abuelo quizás ocurriera de otra forma o lo reinterpretó para que se adaptara a sus propias necesidades. También pudo haber sido tradición oral de la familia y tras varias generaciones, la deformación ha ido creciendo hasta convertirlo en algo absolutamente distinto del original.

La tradición oral, además, ha sido elemento histórico notable para justificar barbaridades de todos los estilos. En manos de populistas y poderosos, se ha constituido arma potentísima para conquistar, vencer, humillar, asesinar, robar…

Todos tenemos mitos urbanos propios o prestados. Todos conocemos alguna leyenda sobre judíos, brujas, gitanos, catalanes, vascos, bandoleros, andaluces… Algunas de ellas han supuesto un descalabro gigantesco para millones de vidas (léase la Alemania de Hitler o la España de Torquemada).

Otras, recientes, suponían que todo aquel que no pensara como el régimen franquista, era “rojo y masón”. Durante décadas, estuvo vigente y también aquí le costó la vida o la libertad a mucha gente.

Ocurre lo mismo en el fútbol. Un hecho probablemente insignificante, es difundido, reescrito, recontado, ampliado, aderezado… para que cumpla el objetivo: atacar al otro, justificar errores propios o socavar al contrario cuando se eleva a otros niveles, lejos de nuestro alcance o nos vence en el campo.

El otro es, desde nuestra óptica, muchísimo peor que nosotros.

El otro alberga todo lo malo y nosotros todo lo bueno y dependiendo de qué o a quién afecte, nos lo creeremos enseguida o lo rechazaremos. Y nos consolaremos con nuevos mitos porque siempre fuimos mejores…

En general, los mitos, leyendas y cuentos encuentran caldo de cultivo en los niveles culturales bajos y en mentes poco analíticas, impresionables y con escasa capacidad para deducir.

Discutir –de intercambio de opiniones- con un individuo afectado de ésos males, es un ejercicio de impotencia infinita, desesperante y deprimente porque no importa cómo lo cuentes, basándote en qué o con la mejor pedagogía posible, el otro nunca aceptará nada que contradiga sus mitos, leyendas y cuentos.

Frustrante.

De igual forma que se supone que el Atl. de Madrid es el equipo de las izquierdas, de los intelectuales y artistas, también posee el grupo ultra más fascista de toda España.

Al Betis se le considera el equipo de los obreros, de izquierdas... pero entre sus seguidores más activos aparecen infinidad de símbolos nazis, de ultraderecha.

El Sevilla, de derechas según los mitos y leyendas, tiene a los Biris que se definen, sin tapujos y en oposición a la mayoría de aficiones, como rojos y anarquistas...

Son solo tres ejemplos aunque pudiera presentar muchísimos más.

Mezclar cuestiones dispares, por cierto, es propio de la mitología, de la leyenda y de los cuentos que nos interesa creernos, difundir y propalar.

Somos así.

Concluyo éste pesado ladrillo con una última consideración:

Todos llevamos nuestra historia escrita en la sangre. Y es nuestra con todos los errores y los aciertos que cometimos… pero nuestra Historia la construimos nosotros y es la Historia la que determina el presente y condiciona el futuro.

El pasado está escrito.

Cuidaros.

4 comentarios:

cornelio dijo...

¿Ahora cómo le cuento ya a nadie lo que acabo de leer en este post?

Con escritos como este se demuestra la diferencia.

Sr. Algarivo ¿se le ocurre algún calificativo para aumentar lo bien que esto está escrito?

Como todo lo que yo cuente sobre esto me quedaré corto, lo recomendaré con un escueto:

- Tú léelo.

Tántalo dijo...

Gran post, si señor.

Por desgracia muchos moriran sus verdes mentiras antes que reconocer que su castillo de mitos se desmorona.

Unos estan mal informados y repiten las mentiras que les cuentan. Otros repiten las mentiras a sabiendas que son falsas.

Unos tienen remedio. Otro no.

Jose M. Ariza dijo...

Saludos.

No se me pasen, por fvor, que aunque no se vea, mepuesto colorao.

Gracias.

Cuidaros.

cornelio dijo...

Los de colorao son los nuestros...