domingo, 20 de junio de 2010

EL MISTERIO DE IRINA

Saludos.

Cuando eliges unas vacaciones sueles tomarte tu tiempo para decidir en qué lugar esperas pasar unos días de descanso, de cultura –conocer otras tierras, otras gentes y otras costumbres es una forma de cultura- y de abrir mentes y quitarte algunas telarañas mentales, las que te producen la vida cotidiana.

Por cuestiones ajenas a nuestras intenciones primeras, hubimos de cambiar el destino elegido tiempo atrás y acabamos embarcados en un crucero por el Mediterráneo.

Era una posibilidad que siempre habíamos postergado porque desde el desconocimiento y usando solo la imaginación y los comentarios de muchos de nuestros amigos que ya habían navegado antes, suponíamos que no era el tipo de vacaciones que nos atraería.

En efecto, un crucero no es –ahora con plena consciencia de ello-, nuestro ideal de asueto en ésos días que tanto trabajo te han costado atesorar.

Pero había que probarlo y lo hemos hecho. No podemos decir que haya sido un fracaso –de hecho hemos tenido muchos buenos momentos-, pero puestas en la balanza las cosas positivas y las menos buenas, no nos ha compensa suficiente como para repetir por ahora.

Puede, casi con toda seguridad, que tardemos mucho en hacer otro y si llegara ése momento, nos lo plantearíamos de otra forma menos masificada, menos ajetreada. Seguramente, sería de descanso. Descanso en la mejor de las acepciones posibles.

Desde Barcelona salimos hacia Francia para desembarcar en Villefranche y visitar Mónaco, algo de Niza y Montecarlo, lugares que ya conocía y que salvo que ahora están mucho más masificados que en mi anterior estancia, no han cambiado nada.

Y el Casino sigue siendo el mismo foco de atención para catetitos como nosotros y la de los podridos de dinero como los elementos que vimos bajar de los Ferrari, en una concentración espectacular de coches de todas las marcas carísimas que se nos ocurran. ¡Y no eran las horas fuertes de asistencia!

Luego navegamos hacia el sur, a Italia, para llegar a Livorno y nos acercamos a Pisa –ésta yo no la conocía y me ha sorprendido la belleza de su famosísima Torre Inclinada y el complejo entero en el que se ubica y donde, por cierto, no nos hicimos la consabida foto- y viajamos de nuevo a Florencia, ciudad hermosa y espectacular donde las haya y con tal concentración de arte que abruma.

Nueva noche de navegación hasta Civitavecchia y volver a Roma. Otra masiva concentración de arte aunque esta vez seleccionamos solo dos sitios para ver: la Capilla Sixtina y el Museo Vaticano y el Coliseo. No había más tiempo.

La Sixtina impresiona de verdad y cubre con creces todas las expectativas. Afortunadamente, alguien con sentido decidió quitar los “Braghettone” de Volterra y vuelve a mostrar las figuras tal cual las pintó Miguel Ángel.

Fantásticas.

Luego nos vamos a Nápoles –vuelvo después- y visitamos Pompeya. Aunque la visita es muy limitada por el tiempo disponible, me quedo impresionado –tampoco la conocía-.

El día siguiente, Túnez. Nueva visita al zoco de la Medina y a Sidi Boud Said, el pueblito azul y blanco tan hermoso y donde descubrimos que hay una segunda puerta amarilla. Dos en todo el pueblo.

Retomo lo de Nápoles porque es una ciudad realmente sucia. En algunos momentos, asquerosa. Lo siento, pero la sensación es ésa. Revoltosa, ruidosa, desordenada, pendenciera… uno se imagina que cualquier cosa puede ocurrir.

Además, los tipos que ves por las calles cumplen, sobradamente, con el tópico del mafioso: pelo negro ensortijado y con abundante fijador, cuellos y muñecas cargados de colgantes y pulseras de oro macizos, gafas de sol, actitudes chulescas, gesticulando con las manos a todo galope, gritones, una nube de gente que parece no tener nada que hacer, metiéndose con toda la que pasa sin cortarse un pelo…

Mario Puzo solo hizo una aproximación liviana en sus libros.

Y todo en una ciudad donde el tráfico no existe. Es, sencillamente, una masa informe de vehículos moviéndose en todas direcciones, sin orden ni concierto, y donde te juegas la vida para cruzar las calles porque nadie respeta nada.

Al regreso al barco y cuando solo faltan unos minutos para partir, la megafonía interior lanza un mensaje en español y en inglés: “se ruega a la señorita Irina B… que se ponga en contacto con Recepción”.

La megafonía del crucero está situada en los pasillos y zonas comunes. La del interior de los camarotes solo se usa para cuestiones de emergencia.

Unos momentos más tarde, segunda llamada a Irina.

Y hubo una tercera porque la chica –suponemos-, no aparecía, hasta que la cosa debió ponerse grave –a punto de salir y les faltaba una pasajera- y usando esta vez la megafonía interior, vuelven a reclamar la presencia de Irina, en español, inglés y ruso y en tono perentorio.

Mi imaginación se dispara: Nápoles, chica rusa alta, delgada, guapa,rubia y de ojos claros…

Me temo lo peor.

Pero el barco zarpa y no vuelven a llamarla.

¿Apareció? ¿Estaba “ocupada” en algún camarote? ¿Tenía las orejas llenas de música con algún aparatito de esos"…?

Nunca llegamos a saberlo y no preguntamos. Preferí pensar que dieron con ella, que solo se lo estaba pasando bien y que hay actividades que te aíslan totalmente del resto del mundo hasta el extremo de no escuchar que te llaman por los altavoces.

Deseemos que Irina haya pasado –salvo éste pequeño susto- un crucero magnífico.

DSC_0289

(Foto de las varias robadas en la Sixtina y que me supuso una “discusione” con el vigilante. Nada grave)

Cuidaros.

3 comentarios:

MAGASE dijo...

BIENVENIDO DE NUEVO A CASA HERMANO,me alegro de que el viaje os halla salido bien y espero algun dia tener la suerte de viajar al menos la mitad de la cuarta parte que viajais vosotros,me encanta conocer mundo al igual que a ti,las cirtcunstancias por ahora me hacen viajar trayectos mas cortos,no me rindo el plantearme viajar fuera de nuestras fronteras alguna vez con mi mujer y enriquecerme de otras culturas diferentes,un abrazo a ambos y cuando querais tomamos café o lo que sea,nos vemos hermano.

ayer y hoy sevillista dijo...

uuuff, por fin de vuelta, y con la inspiración en plena forma. Magnífico y gracias.

Tántalo dijo...

Magnífica crónica Sr. Ariza.

He puesto en el buscador de imágenes del google "IRINA". ¿Cual de ellas es madre mía?

PD: Se esta ganado a pulso el mote de "El Willi Fog de los Guardianes".