viernes, 23 de octubre de 2009

OFICIO


Saludos.

Aunque un poco tarde y casi a punto de recibir al Espanyol, no me resisto a largar mi crónica de lo de Sttugart .

Siempre admiré a las grandes selecciones del mundo, las que han ganado muchos títulos porque, como pudiera ser el caso de los italianos, raramente hacen un fútbol desbordante, espectacular o brillante. Sin embargo, me admira la profesionalidad de sus jugadores.

Cuando siendo un chaval veía a los brasileños de Pelé, en blanco y negro -y me hice canarinho de selección de por vida-, aprendí pronto que un partido no se gana hasta que el árbitro pita el final. Y lo aprendí enseguida porque también ví al Sevilla ganar o perder partidos en los instantes finales.

Los italianos, los alemanes y algunas otras selecciones con títulos mundiales, sin hacer el mejor fútbol posible, me han demostrado que un partido son noventa minutos y que hasta el último no se acaba y todo es posible. Como diríamos por aquí, "hasta el rabo todo es toro".

Son, han sido y serán, profesionales del balón y jamás deberías bajar la guardia ante ellos.

Ésta semana hemos tenido dos claros ejemplos y toda ésa introducción me era necesaria: el Real de Madrí sufre un aparatoso bochorno del geriátrico milanés, es decir, la caga -y no me duelen prendas en usar un lenguaje de ése nivel porque como no tomo bídifus activus ni soy jefe de nada, no me puedo permitir hablar de flujo intestinal-. Solo tenían un crío enrolado y resulta que el Pato -que no es patoso para nada- les fusila dos veces y le quita un chorro de puntos al Casillas de su "chance" mediático-mundial -duro regreso a la Tierra, hermano-. Pirlo, el genial Pirlo -que si tuviera una revolución más, una gotita de sangre más, sería el doble de grande y lo es muchísimo-, se saca un chut -shoot, si somos fieles a la historia- y coloca un impacto colosal.

No me extiendo mucho más porque ya disfruté bastante viéndolo. Y me abstengo de comentar lo del Patético porque la risa, las lágrimas, me impedirían ver la pantalla. De todas formas las carcajadass están molestando a mis vecinos. Todavía.

El otro ejemplo tiene mucho que ver con Nervión, con NUESTRO Sevilla.

Ante un equipo fuerte, generoso y físico -como todos los alemanes y a pesar de que lleven muchos jugadores procedentes de otras latitudes, lo que no parece importar porque, al modo inglés, allí se convierten en luchadores totales-, les llegó la visita de un Equipo con Oficio.

Pues sí, el Sevilla me pareció, siempre, un Equipo con OFICIO, sabiendo que sabemos que saben que somos mejores, más poderosos, más listos y más letales. Si nos dejan un milímetro abierto -y en noventa minutos hay muchísimos milímetros para perforar-, le sacamos las vergüenzas.

Pueden poner todo el ímpetu del mundo, todas las ganas, todo lo que quieran y puedan si, enfrente, tienes un Equipo que SABE, que controla y que no se amedrenta con una, dos o tres casos de abortos de goles.

Y cuando se piensan que se nos han subido a las barbas, en coalición de once, un defensa les machaca. Es el mismo defensa, insisto de otros momentos y otros artículos, que vino porque el tipo del Patético prefirió quedarse a hacer el ridi en Madrí. Y me tomo unos instantes para librarme de las lágrimas de risa o no terminaré nunca de escribir esto.

Muy por encima, sería la conclusión. Muy por encima en todas las líneas y los tres poins.

Y como seguimos siendo invisibles -y visto lo visto no quiero, bajo ninguna ciscunstancia, ser visible-, pues me lo paso pipa y amenazo con tener que comprarme ropa de más talla porque ya no cabo en la que tengo.

Y yo soy canijito.

Cuidaros.

1 comentario:

MAGASE dijo...

hermano si es por ropa no tengas penas,yo te regalo mucha que se me quedo grande,aunque dejaré siempre alguna para estos casos,un abrazo.