sábado, 16 de mayo de 2009

LA HISPANIOLA -UNO-

Saludos.

Hace unos años, recien divorciado, volví a estar soltero y dueño absoluto de mi tiempo, mi dinero y mis decisiones. Eso no significa que lamente los años que estuve casado pues bien al contrario, fue una época plena, intensa y rica hasta que se acabó el amor. Seguir unidos, entonces, amenazaba con estropear la mejor parte de la historia común y optamos por, siendo aún jóvenes, darnos nuevas oportunidades.

Así, volví a elegir en solitario lo que quería hacer en todo momento.

Como soy hedonista por naturaleza y por principios éticos e intelectuales, orienté mis pasos en pos de la mayor atracción, la más poderosa, la que me subvierte y a la que me abandoné sin remisión: las mujeres.

Conocí a varias y a todas las admiré por ser mujeres, por ser inteligentes y por ser bellas.

Usaba internet para entablar unas relaciones que luego, inexcusablemente, deberían llegar a lo personal. Fueron relaciones virtuales pero con el único objetivo de convertirse, mas tarde, en reales, directas y personales, es decir, usaba la red solo como instrumento, de la misma forma que otros, con lenguas envidiables, "ligan" hablando en una discoteca.

Yo escribía y tenía un cierto éxito, de tal forma que una chica dominicana se vino a España a conocerme. Luego le devolví la visita.

Y llegué a La Hispaniola, a la República Dominicana.

Con frecuencia me quejo de los aeropuertos españoles, del desastre de las colas, de las pérdidas de maletas, del desorden perfecto que parece gobernarlo todo... hasta que llegas a países como aquel.

Tocamos tierra sobre las nueve de la noche. A las dos, aún esperaba que me entregaran mi equipaje. Pero lo mejor eran las caras de los empleados cuando reclamaba, porque se adivinaba en sus miradas lo que pensaban. Y debía ser esto, más o menos:

-"¿Qué querrá el español este, con lo rápido y bien que está saliendo hoy el desembarco?

Primera lección: te adaptas o mueres en el intento.

Aunque yo ya había estado antes en el Caribe, la bofetada de calor húmedo no deja de sorprenderte porque solo unos pasos fuera de la terminal y parece que se han llevado todo el aire existente.

Sobre las tres y después de negociar el precio con un taxi pirata -aseguraba el tipo que sabía la dirección de mi hotel-, tomamos rumbo al centro de la ciudad, a Santo Domingo, a través de la única autopista de peaje del país.

La ciudad andaba escasa de luces y como habrán adivinado, ni idea de la calle y ni un alma.

Tras varias vueltas y a punto de desesperar, vimos a un tipo sentado en una silla, a la puerta de un edificio. Paró el taxi y nos bajamos a preguntarle al buen hombre. Pues era el vigilante y estaba dormido, con lo que le pegamos un susto de muerte, a tal punto, que sacó una escopeta de caza, con los cañones recortados, y tuvimos que levantar las manos y repetir varias veces que no íbamos con malas intenciones.

Aquel suceso debió advertirme. De hecho, me advirtió.

Mi hotel, por suerte, estaba justo en la calle de atrás, la paralela.

Pagué al taxista no sin que antes intentara sacarme un extra por el tiempo perdido. Pero ocurre que si te pones serio y niegas tajantemente, como demostrando que te dá igual lo que diga o haga porque no piensas pagar más, terminan por aburrirse, dedicarte unos cumplidos y largarse.

El hotel -que no tenía apenas estrellas-, cerrado y tuve que aporrear la puerta durante varios minutos para despertar al "conserje". Y tras el papeleo de rigor, llegué a mi habitación.

Era un apartotel, habitación amplia, cocina, baño y vestidor. Aire acondicionado de una sola velocidad -muy frío-, que me obligaba a dormir tapado hasta la barbilla. Aún así, mi pecho terminó algo tocado una semana después.

Al día siguiente caí de bruces en el jet lag y apenas me molestó tener que esperar más de tres horas a que me entregaran mi coche alquilado. Estaba zombi y casi no noté el caos circulatorio, por llamarlo de alguna manera, ya que las reglas son que no hay reglas. Cada cual conduce como quiere y puede, de tal forma que estuve todo aquel día valorando si arriesgaba mi vida por llevar un vehículo en un país extranjero.

Al final pudo la aventura. O la locura.

Para adiestrarme en las costumbres locales, decidí iniciarme por la noche cuando, teóricamente, debería haber menos tráfico. Medida acertada siempre que valoremos que si de día conducen de aquella manera, de noche, bebidos y sin otros vehículos que te impidan físicamente correr, la cosa empeora bastante. Aún así, logré llegar a mi destino sabiamente orientado por mi copilota.

Lo de sabiamente puede ser relativo si antes no haces un cursillo sobre señales manuales de lo que significa "tuerce por ahí", "gira a la derecha", "esa calle" o "después de la siguiente cuadra", con gestos convencionales... allí. Aquí podríamos interpretar cualquier cosa menos una indicación porque no es lo mismo, para mí, el este que el oeste, el norte que el sur. Y las diagonales.

Íbamos a un bar propiedad de una chica española, de Granada, que llevaba veinte años viviendo allí. Se había casado y divorciado con un nativo y tenía dos hijas. Se llamaba María y había puesto a su bar el "Proud Mary" -el clásico de la Creedence Clearwater Revival-. Por supuesto, toda la música que pinchaba, toda, era de nuestros tiempos, de los de María y mios, es decir, de los sesenta y setenta. Ya solo por eso me cayó bien. Luego, además, nos hicimos amigos y resultó ser una mujer excepcional.

Era un local pequeño, agradablemente oscuro, todo decorado con motivos de aquellas décadas y siete u ocho ventiladores a todo trapo. María se negaba a poner aire acondicionado porque, decía, "le quitaría personalidad a su negocio". Quizás tuviese razón aunque muchas veces hacía menos calor fuera que dentro.

Nos presentaron, nos orientamos y nos curriculamos. Y pedí cerveza. Y descubrí la Presidente. Magnífica. Las sirven en botellas heladas, con una servilleta de papel atada alrededor y está fantástica.

Continuará.

Cuidaros.

4 comentarios:

ivica dijo...

no tardes mucho en desvelarnos aquien te tiras primero,si a la dominicana,o a la maría ,la del bar.
jejeje.

Chorly dijo...

Gracias Hermano de nuevo por sacar de mis adentros el gusto por la lectura, no..si al final lo conseguirás..y ahora que estamos en la feria del libro veremos a ver si no pico con alguno. Si no lo hago será porque no voy a encontrar al autor que busco...un tal José Ariza.

Un abrazo Secre.

MAGASE dijo...

HERMANO,te digo lo mismo que ivica,no tardes mucho en desvelarnos el misterio,cuidate y ponte al 100 x 100 que tenemos muchas cosas pendientes por hacer,un abrazo.
Chorly yo sabia que al final te acababas enganchando a lo bueno,otro abrazo para ti.

Anónimo dijo...

Un saludo, genio,
de tu amigo Baretti