domingo, 12 de abril de 2009

SAHARA

Saludos.

Ayer pasamos un día estupendo con una amiga que vino a visitarnos. Aunque sevillana, vive en Málaga y nos cuenta que pronto, para finales de año, se vuelve a su tierra.

Es viuda y se siente sola porque ya lo le ata nada allí. Además, cuando vuelve y encuentra a sus familiares y amigos, dice que se le renueva la sangre.

Después de una excelente comida en un restaurante de los discretos, de los que me encantan, de esos que no están en las guías, que no tienen estrellas Michelin ni destacan por su estética, pero con una cocina para tirar cohetes, nos dedicamos a lo que nos gusta: hablar.

Y hablamos un poco de todo, como siempre. De viajes -los tres somos viajeros empedernidos-, de libros, de cine, de sus impresiones de Sevilla cuando redescubre su ciudad tras muchísimos años viviendo fuera...

Como amenzaba con prolongarse la sobremesa, nos trasladamos a tomar café al Taj Mahal de Bormujos -que ella no conocía-, el cafetín decorado profusamente con motivos árabes e indios.

Pedimos los tés, café y pastelillos de rigor -lo siento pero no paso aquella bebida- y volvimos a hablar. Entonces nos cuenta emocionada que le han concedido la acogida en verano de una niña saharaui, una chiquita de nueve años -aunque en la foto parece menor-, y que está preparándole la mejor acogida posible.

Casi se me saltan las lágrimas.

Durante años estuve colaborando con una supuesta ONG en la creencia de que ayudaba a una niñita peruana. Me enviaron fotos, dibujos hechos por ella, sus calificaciones escolares... Todo era mentira. Me estafaron como a tantos otros y como conocimos por la prensa, unos vividores estaban montándose su propio negocio con nuestras cuotas.

Incluso llegué a escribirle una carta al padre de la niñita donde le prometía cuidar de ella, pagarle los estudios hasta, si era necesario, la Universidad -en Perú o España-, con una única condición: que estudiara y que no la dedicaran a tener hijos a los catorce años.

Pero era un montaje infame.

Mas tarde y también durante años, intenté conseguir una niña saharaui de acogida en nuestras vacaciones, en verano. Pero siempre nos ponían al final de la lista porque no teníamos hijos. Y siempre nos quedábamos fuera.

Los cupos se completaban con ésas familias porque, nos explicaron, era más efectivo que los chavales compartieran el tiempo con otros niños españoles. Se sentían más cómodos.

Lo entendíamos a pesar de nuestra tristeza.

Ahora, sin embargo, nuestra amiga, que vive sola, lo ha conseguido y eso ha despertado mi ilusión con las mismas ganas, intactas, que tenía antes. Y vamos a intentarlo otra vez.

Porque tengo con el Sáhara el mismo sentimiento que con la mayoría de los países suramericanos: un profundo sentido de deuda histórica. Una historia en la que hemos abusado ignominiosamente de esos pueblos, los hemos masacrado, robado y asolado y cuando nos hemos ido de allí, con el rabo entre las patas, les hemos dejado inculcados todos los vicios de poder necesarios para que ellos solos y contra ellos mismos, hayan seguido masacrándose sin el menor reparo.

Con el Sahara, colonia española, fuimos tan cobardes y ruines de dejarlos abandonados en manos del miserable rey marroquí, el sátrapa dictador de Rabat.

Eran tan españoles como lo pueda ser yo, pero los tiramos a la basura en un canje vergonzoso de políticos sin escrúpulos, como casi todos.

A pesar de ello y con un sentimiento de respeto y cariño que jamás les hemos devuelto, los saharauis siguen mirando a España como madre, como amiga y esperando, con una paciencia infinita, que tengamos la decencia de levantar la voz ante la ONU en su favor, de exigir al nuevo tirano del norte que renuncia a un territorio que no es suyo.

Porque los saharauis ya estaban allí cuando llegamos los españoles y Marruecos, como unidad política, no existía.

En el Sáhara no hay petróleo, ni oro, ni diamantes ni material alguno para fabricar microchips. No, en el Sahara hay fosfatos -el sesenta por ciento de la producción mundial- y esos ya los tienen controlados los marroquíes, cedidos, graciosamente, por el gobierno español.

A pesar de todo ello y como siempre, los pueblos están muy por encima de sus gobernantes. Así,cientos de familias andaluzas, cada año, comparten sus vidas con niños procedentes de los cuatro campamentos -cada uno con seis o siete "pueblos"-, repartidos entre Argelia y Mauritania, en puro desierto y con unas condiciones de vida absolutamente duras. Inhumanas.

Esos niños, durante dos meses, nos regalan sus sonrisas, sus miradas, sus cariños... Se convierten en "nuestros hijos sarahauis". Las relaciones que se establecen duran toda la vida y cada año, también, decenas de familias viajan hasta esos "pueblos", en invierno, para reunirse con sus "hijos", para conocer a "sus familias" y para compartir con ellos unos días de amistad y solidaridad.

Los relatos que hacen las personas que han viajado hasta allí son, sin excepciones, de una ternura estremecedora: del recibimiento, la acogida, lo que te ofrecen quitándoselo ellos mismos, del agua...

¿Cómo es posible que después de tantísimos años de maltratarlo de mil formas diferentes, los saharauis sigan queriendo a las gentes de España y los españoles -aunque no todos-, quieran a los saharauis?

Nadie podrá explicármelo nunca con claridad suficiente porque yo jamás hubiera actuado así.

Quizás sigamos sin saber el alcance de nuestros corazones.

El año próximo, si tengo suerte, acogeré una niñita -niña, por supuesto, porque la vida, ya dura de por sí, es especialmente grave para ellas- y si tengo suerte y el destino lo quiere, pediré recibir el regalo de tener en mi casa a una sarahui durante un par de meses.

Si el destino quiere.

Cuidaros.

1 comentario:

MAGASE dijo...

ojalá el destino os tenga deparada esa bella sorpresa,os lo mereceis tanto tú como tu mujer,estoy seguro que sabreis darle todo el cariño propio de una familia y esos dos meses serán para los tres y me apunto a convivir con vosotros esos dias algun ratillo que otro con mi familia y compartir para esa niña con mis hijas una experiencia de amor,convivencia y cariño inolvidable para todos,asi que hermano soy el primero en lanzarte el guante de desearte todo lo mejor a ti ,a tu mujer y a esa pequeña morita saharagüi y poder compartir en familia todos juntos algun ratillo que otro,cuidate y suerte hermano.